- SanCor ha solicitado su quiebra tras más de una década de crisis financiera.
- La cooperativa, que llegó a procesar más de cuatro millones de litros diarios, ahora opera con solo 300,000 litros.
- La deuda preconcursal de SanCor asciende a 69,000 millones de pesos, con otros 14,000 millones en obligaciones laborales impagas.
- El colapso de SanCor podría afectar a miles de productores y trabajadores en la industria láctea argentina.
- La designación de una coadministradora abre interrogantes sobre el futuro de la cooperativa y su estructura.
- La quiebra de empresas vinculadas a SanCor, como ARSA, profundiza la crisis en el sector lácteo.
SanCor, la emblemática cooperativa láctea argentina, ha solicitado su propia quiebra ante el juez Marcelo Gelcich, marcando un hito en su prolongada crisis que se ha extendido por más de una década. Desde su concurso preventivo en febrero de 2025, la cooperativa ha estado lidiando con un deterioro financiero que ha culminado en esta decisión drástica. SanCor, que en su apogeo procesaba más de cuatro millones de litros de leche diarios y contaba con más de 4,000 empleados, ahora se encuentra operando con apenas 300,000 litros y un plantel de 850 trabajadores, evidenciando una caída dramática en su capacidad operativa.
Fundada en 1938, SanCor se convirtió en un símbolo del cooperativismo en Argentina, con una fuerte presencia en el mercado interno y exportaciones a diversos destinos. Sin embargo, a lo largo de los años, la cooperativa enfrentó múltiples desafíos, incluyendo problemas estructurales, altos costos, y un creciente endeudamiento. La crisis se intensificó en 2017, cuando la empresa inició un proceso de reestructuración que incluyó el cierre de plantas y la venta de activos, pero estas medidas no lograron revertir la tendencia negativa. En 2019, SanCor vendió plantas y marcas a Adecoagro por 45 millones de dólares, pero la falta de capital fresco y la incapacidad para competir en un mercado cada vez más exigente continuaron erosionando su posición.
La situación se volvió crítica a principios de 2025, cuando la cooperativa se presentó formalmente a concurso de acreedores. En ese momento, se advirtió que este concurso podría ser el preludio de un colapso definitivo. La falta de ingresos y el aumento de los conflictos laborales, junto con una deuda preconcursal de 69,000 millones de pesos y otros 14,000 millones en obligaciones laborales impagas, llevaron a la cooperativa a un callejón sin salida. El deterioro operativo fue evidente, con plantas paralizadas y una caída en la presencia de productos en el mercado.
El impacto de la quiebra de SanCor se siente no solo en el sector lácteo, sino también en la economía argentina en general. La cooperativa había sido un pilar en la industria, contribuyendo al desarrollo de infraestructura rural y a la formación de profesionales en el sector. Su colapso podría tener repercusiones en la cadena de suministro lácteo, afectando a productores y trabajadores que dependen de su operación. Además, la quiebra de empresas vinculadas a SanCor, como ARSA, que elaboraba yogures y postres, profundiza la percepción de crisis en torno a la marca y su legado.
A futuro, el desafío será determinar si hay margen para preservar alguna parte de la estructura de SanCor. Con la designación de una coadministradora y la presión de los acreedores, se abre un interrogante sobre las posibilidades de rescate o reestructuración. La situación del sector lácteo en Argentina es crítica, y el desenlace de este caso podría influir en las políticas de financiamiento y apoyo a la industria. Los próximos meses serán cruciales para observar cómo se desarrollan las negociaciones y si se logra alguna solución viable para los acreedores y trabajadores afectados.
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