La cotización internacional del petróleo sufrió una caída significativa del 10% este viernes, situándose nuevamente en torno a los 90 dólares por barril en el Brent, un referente crucial para la economía argentina. Este descenso se produjo tras el anuncio de una tregua en el conflicto de Medio Oriente y la reapertura del Estrecho de Ormuz, un corredor estratégico para el comercio global de hidrocarburos. El Brent cerró en 89,43 dólares, mientras que el WTI retrocedió más intensamente, finalizando en 81,53 dólares. Esta reacción inmediata del mercado también se reflejó en las acciones de las principales petroleras internacionales, que registraron pérdidas ante la expectativa de un suministro mundial menos tenso.

Aunque una sola jornada no establece una tendencia definitiva, la caída del crudo abre un nuevo panorama económico para Argentina, con posibles repercusiones en combustibles, producción agropecuaria, costos industriales, importaciones energéticas y hasta en el precio de los pasajes aéreos. En el corto plazo, el impacto más inmediato se percibe en los combustibles. Sin embargo, las petroleras han mantenido un acuerdo de estabilidad de precios por 45 días, lo que significa que no se anticipan bajas en los precios de la nafta y el gasoil, a pesar de la caída del Brent. Este acuerdo se extenderá hasta mediados de mayo, lo que implica que, incluso con el crudo en retroceso, no habrá ajustes en los precios de los combustibles en el corto plazo.

El sector agropecuario podría experimentar un impacto más relevante. El gasoil, que es uno de los principales costos operativos del campo, se beneficia de la estabilidad de precios en un momento crítico de la campaña agrícola. Esto es especialmente significativo dado que el sector ha enfrentado altos costos en insumos y transporte. Además, los fertilizantes, en particular los nitrogenados como la urea, dependen del gas natural para su producción y suelen seguir la dinámica de los precios energéticos. La tregua en Medio Oriente y la caída del crudo podrían contribuir a un escenario de costos más contenidos, aunque los efectos suelen ser graduales y dependen de la evolución de la cadena de precios global.

En el ámbito energético, Argentina depende de las importaciones de gas natural licuado (GNL) para satisfacer la demanda durante el invierno. En Europa, la referencia TTF cayó aproximadamente un 7%, hasta los 13,50 dólares por millón de BTU, lo que podría abaratar el costo de los cargamentos que Argentina necesita importar en los próximos meses. Se estima que llegarán cerca de 23 cargamentos a la terminal de Escobar, con un costo total de entre 700 y 800 millones de dólares, que en principio absorbería la industria. Si los precios internacionales se mantienen en niveles más bajos, esto podría aliviar parte de la factura energética del invierno, un factor históricamente sensible para las reservas y el balance externo.

La caída del petróleo presenta un efecto ambivalente para Argentina. Por un lado, un crudo más barato implica menores costos de importación energética, lo que podría beneficiar a la economía en general. Sin embargo, también reduce el precio de exportación del petróleo argentino, lo que podría recortar los ingresos por ventas externas. La balanza energética argentina se había perfilado para un aumento de aproximadamente 2.000 millones de dólares extra este año, considerando que el barril había comenzado 2026 cerca de 60 dólares y se proyectaba en torno a 75 dólares en el mediano plazo. Con la reciente caída, este escenario se vuelve más incierto, ya que el alivio en costos de importación puede coexistir con un menor ingreso de divisas por exportaciones.

Finalmente, el derrumbe del crudo también podría afectar el mercado aerocomercial. En el último mes y medio, los pasajes de avión han aumentado hasta un 30%, en gran parte debido al encarecimiento del combustible. Dado que el combustible representa alrededor del 40% de los costos operativos en vuelos de mayor alcance, cualquier cambio en el precio internacional tiene un impacto directo. Si la tendencia bajista se sostiene, podría habilitar un escenario de corrección gradual de tarifas, aunque esto dependerá de la política comercial de cada aerolínea y de la evolución del tipo de cambio. En resumen, la caída del petróleo abre una ventana de alivio para algunos sectores, pero con impactos desiguales y sin efecto inmediato sobre el precio de la nafta.