Con la reciente implementación del Impuesto de Renta Mínimo en Brasil, los profesionales liberales y las empresas están reevaluando sus estrategias de inversión. Este nuevo marco tributario, que afecta a aquellos con ingresos superiores a R$ 600 mil anuales, ha llevado a muchos a considerar la reducción de la distribución de dividendos y a optar por inversiones a través de sus personas jurídicas. Esto se debe a que, en ciertos casos, la tributación sobre las ganancias de capital puede ser más favorable que la carga impositiva sobre los dividendos distribuidos.

El régimen del Simples Nacional, que abarca a empresas con ingresos anuales de hasta R$ 4,8 millones, permite que los rendimientos de las inversiones sean gravados de manera similar a los individuos, con tasas que oscilan entre el 15% y el 22,5%, dependiendo del plazo de la inversión. Sin embargo, para las empresas bajo el régimen de Lucro Presumido, que incluye aquellas con ingresos de hasta R$ 78 millones, la situación es más compleja. En este caso, los rendimientos financieros se suman a la base de cálculo del Impuesto de Renta de las Personas Jurídicas (IRPJ) y de la Contribución Social sobre el Lucro Neto (CSLL), lo que puede resultar en una carga tributaria total de hasta el 34%.

Las abogadas Elisa Henriques y Fernanda Calazans advierten que, aunque la inversión a través de la persona jurídica puede ser atractiva para quienes están en el Simples, no siempre es la mejor opción para aquellos en el régimen de Lucro Presumido. Si una empresa no necesita mantener esos fondos para inversiones o gastos operativos, puede ser más ventajoso distribuir los dividendos y tributar como persona física. Esto es especialmente relevante dado que, al distribuir más de R$ 50 mil en un mes, se aplicará una retención del 10% en la fuente.

La estrategia de retener dividendos y optar por inversiones financieras se ha vuelto más popular entre las empresas en los últimos meses. Esto se debe a que muchas están buscando retrasar la distribución de dividendos para evitar la nueva alícuota del Impuesto de Renta Mínimo que entrará en vigor en 2026. Al mantener los recursos dentro de la empresa y destinarlos a inversiones, buscan no solo diferir la carga tributaria, sino también ganar flexibilidad en la gestión de su caja.

A medida que las empresas se adaptan a este nuevo entorno fiscal, es crucial que los inversores y empresarios evalúen cuidadosamente sus opciones de inversión. La tendencia hacia productos financieros más líquidos y con un equilibrio favorable entre riesgo y retorno será clave para la gestión del flujo de caja. En este sentido, los CDBs de liquidez diaria y los fondos de renta fija conservadores son opciones que están ganando popularidad entre las empresas de menor tamaño. La revisión periódica de la estrategia de inversión, alineada con los objetivos empresariales, también será fundamental en este contexto cambiante.