Colombia se encuentra en un momento crucial, ya que se aproxima la primera vuelta de las elecciones presidenciales el 31 de mayo. El presidente Gustavo Petro, quien no puede ser reelegido, termina su mandato con un balance mixto. Aunque se han logrado avances significativos en la reducción de la pobreza y el desempleo, la economía del país enfrenta serios desafíos, incluido un aumento considerable en la deuda pública y una inflación que supera el 6%. Estos factores generan incertidumbre sobre el futuro económico del país y la capacidad del próximo gobierno para implementar reformas estructurales necesarias.

En términos de logros, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) reporta que la pobreza multidimensional ha disminuido al 9.9% en 2025, marcando un hito al romper el umbral del 10% por primera vez. Esta reducción representa una mejora notable respecto al 11.5% registrado en 2024, lo que equivale a 793,000 personas que han salido de la pobreza en los últimos años. Sin embargo, la informalidad laboral sigue siendo un problema persistente, con más de la mitad de los trabajadores colombianos en empleos no formales, lo que limita su acceso a la protección social y a beneficios laborales.

Por otro lado, el legado económico de Petro también incluye un aumento en la deuda pública, que ha superado el 64% del PIB, y un déficit fiscal que se sitúa cerca del 7% del PIB. Este deterioro en las finanzas públicas se debe en parte a la recaudación de impuestos inferior a la esperada y a la necesidad de financiar políticas sociales en un contexto de restricciones legislativas. Según el economista Remi Jean Emile Stellian, el gasto público se ha destinado principalmente a cubrir gastos corrientes, lo que no ha generado un crecimiento económico significativo, ya que el PIB ha crecido menos del 2% anual durante su mandato.

Las elecciones presidenciales presentan tres visiones distintas para abordar los desafíos económicos del país. Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico, busca una redistribución estructural de la riqueza y una revolución agraria. Por su parte, Abelardo de la Espriella, de extrema derecha, propone un ajuste fiscal drástico y una desregulación del sector privado para elevar el crecimiento anual al 7%. Finalmente, Paloma Valencia, del Centro Democrático, enfatiza la recuperación de la confianza inversionista y la formalización del empleo como motores de crecimiento. Cada candidato presenta una propuesta que podría influir en la dirección económica del país y en la percepción de los inversores.

Para los inversores argentinos, la situación en Colombia es un recordatorio de la importancia de monitorear la estabilidad económica en la región. La evolución de la deuda pública y la informalidad laboral son factores que podrían afectar la confianza en los mercados latinoamericanos. Además, la elección de un nuevo presidente podría traer consigo cambios significativos en las políticas económicas, lo que podría tener un impacto en el comercio y las inversiones en toda la región. La atención debe centrarse en cómo cada candidato planea abordar estos problemas y en las posibles repercusiones para la economía colombiana y, por ende, para los mercados vecinos, incluido Argentina.