La economía argentina ha enfrentado un duro golpe, con la actividad de la denominada "economía real" mostrando cifras alarmantes. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la industria manufacturera se contrajo un 8,7% interanual en febrero, mientras que el comercio mayorista y minorista también sufrió una caída del 7,0% en comparación con el mismo mes del año anterior. Otros sectores, como el de "electricidad, gas y agua", vieron una disminución del 6,0%, y la construcción experimentó una leve caída del 0,6%. En total, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) reportó una disminución del 2,1% interanual en febrero y un llamativo descenso del 2,6% respecto al mes anterior, en términos desestacionalizados.

A pesar de estos números negativos, hay al menos tres indicadores que podrían sugerir un cambio de tendencia en la actividad económica a partir de marzo. El primero proviene de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), que reportó que la actividad industrial interrumpió su caída en marzo, mostrando un crecimiento del 0,6% en comparación con el mismo mes del año pasado. Este es el primer registro positivo después de ocho meses consecutivos de caídas, aunque los especialistas advierten que se trata de una mejora incipiente y ligera.

El segundo dato relevante proviene del propio ministro de Economía, quien destacó que, a pesar de la baja en febrero, el indicador tendencia-ciclo se mantuvo en terreno positivo, con un incremento del 0,1% mensual. Este indicador ha acumulado casi dos años de expansión continua, lo que podría ser un signo de que la economía está encontrando un piso desde el cual podría comenzar a recuperarse. Sin embargo, FIEL también advirtió que la industria sigue mostrando un rojo del 2,3% en el primer trimestre de 2026 en comparación con el primer trimestre de 2025, lo que indica que la recuperación aún está lejos de ser sólida.

El tercer dato proviene del economista Gabriel Caamaño, quien sugirió que marzo podría traer buenas noticias. Según su análisis, la caída del EMAE en febrero se debió en parte a un mal desempeño generalizado en varios sectores y a la finalización de la estimación de una cosecha de trigo históricamente alta. Sin embargo, los indicadores primarios de marzo son en su mayoría positivos, lo que sugiere que la economía podría recuperarse en este mes. Además, el punto de comparación es favorable, ya que marzo del año pasado fue particularmente malo.

Un aspecto que ha llamado la atención de los economistas es el impacto de un tipo de cambio que tiende al atraso en la actividad económica. Diversos analistas, desde Luis Secco hasta Roberto Frenkel, han coincidido en que un dólar más alto es necesario para evitar fricciones en sectores como la industria. La reciente apreciación del peso argentino, que se ha acelerado en medio de la guerra en Medio Oriente y la debilidad del dólar a nivel global, ha generado preocupaciones sobre la competitividad de la economía local. Actualmente, el tipo de cambio real se encuentra un 31,5% por debajo del promedio de largo plazo, lo que plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de esta tendencia.

En resumen, aunque la economía argentina ha enfrentado un bache significativo en febrero, hay señales de que la actividad podría comenzar a mejorar en marzo. Los próximos meses serán cruciales para evaluar si esta tendencia se consolida y si el gobierno puede implementar políticas que favorezcan la recuperación. Los inversores deben estar atentos a los próximos informes económicos y a las decisiones del gobierno en relación con el tipo de cambio y otras medidas económicas que podrían influir en la actividad industrial y comercial del país.