- El crecimiento de la economía en enero fue del 0,4%, pero la actividad industrial cayó un 4% en febrero.
- Los salarios privados registrados disminuyeron un 1,3% en febrero, acumulando una pérdida del 3,6% desde agosto de 2025.
- El BCRA redujo las tasas de interés del 30% a menos del 25% en un mes, pero la mora de los hogares superó el 10% en enero.
- Los préstamos a empresas y familias retrocedieron un 6,5% y un 5,9% respectivamente en el primer semestre del año.
- La aceleración inflacionaria de marzo complicará el poder adquisitivo, afectando las ventas.
- El stock de préstamos no está en niveles bajos, lo que limita el potencial de crecimiento económico.
La economía argentina mostró un crecimiento del 0,4% en enero, según el último Estimador Mensual de Actividad (EMAE) disponible, acumulando un aumento superior al 2% desde octubre del año pasado. Sin embargo, los datos más recientes indican un cambio preocupante: la actividad industrial cayó un 4% en febrero y la construcción retrocedió un 1,3%. Además, los salarios privados registrados, que son un componente clave de la demanda interna, disminuyeron un 1,3% en febrero, lo que se traduce en una pérdida acumulada del 3,6% desde agosto de 2025. Este panorama sugiere que el primer mes del año podría haber sido el último con cifras positivas para la producción en el corto plazo.
Entre marzo y abril, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) implementó dos flexibilizaciones en los encajes de los depósitos a la vista, llevándolos a niveles similares a los del primer semestre del año anterior. Esta medida se tomó en un contexto donde el apretón monetario había elevado las tasas de interés, afectando negativamente el crédito a las empresas, que vio una caída del 1% en el segundo semestre del año pasado. A medida que aumentaron las disponibilidades de efectivo, los bancos comenzaron a ofrecer préstamos a tasas más bajas, reduciendo las tasas de interés del 30% a mediados de marzo a poco menos del 25% un mes después. Sin embargo, este abaratamiento del crédito se produce en un contexto de estancamiento de la actividad y caída de los ingresos reales.
El financiamiento a las familias continuó creciendo en el segundo semestre del año pasado, incluso en un entorno de tasas en aumento. Esto se debe a la necesidad de complementar ingresos en un contexto de disminución del poder adquisitivo. Sin embargo, la mora de los hogares superó el 10% en enero de este año, lo que limita la efectividad de la baja de tasas y la recuperación de la demanda. Los préstamos a empresas y familias han retrocedido un 6,5% y un 5,9% respectivamente en el primer semestre del año, lo que indica que la reactivación a través del crédito no es la solución ideal en un contexto de irregularidad de cartera.
La situación de los salarios reales del sector privado registrado y los ingresos de la economía en general no son alentadores. La aceleración inflacionaria de marzo, que superó las expectativas, traerá otro mes de caída en el poder adquisitivo, lo que complica cualquier intento de aumentar las ventas. A medida que el 2026 avanza, la caída de ingresos se traduce en una compresión de la demanda, lo que sugiere que la recuperación de la actividad económica será un desafío significativo. En el primer año de gestión de Javier Milei, la baja de tasas había impulsado un aumento en el crédito, lo que permitió cierta recuperación económica. Sin embargo, este año, el stock de préstamos no se encuentra en niveles bajos en comparación con la historia, lo que limita el potencial de crecimiento y la recuperación.
En términos de política monetaria, la flexibilización no ha tenido hasta ahora consecuencias negativas significativas, como una aceleración del tipo de cambio o la inflación. Sin embargo, tampoco ha logrado impulsar la recuperación del nivel de actividad. Los inversores deben estar atentos a cómo se desarrollan las próximas semanas, especialmente en relación con la inflación y el tipo de cambio, que podrían influir en las decisiones del BCRA. La situación actual plantea preguntas sobre la efectividad de las políticas monetarias en un contexto de creciente incertidumbre económica y social.
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