La reciente aceleración de la inflación en Argentina, que alcanzó un 3,4% en marzo, el nivel más alto en un año, ha reavivado el interés por los depósitos ajustados por inflación, especialmente el plazo fijo UVA. Este instrumento, que había perdido popularidad en 2025, vuelve a ser considerado por los ahorristas que buscan preservar el poder adquisitivo de sus ahorros en un entorno inflacionario creciente. La diferencia clave entre un plazo fijo tradicional y uno UVA radica en que el capital invertido en el UVA se ajusta por inflación, lo que permite que el dinero depositado mantenga su valor real frente a la suba de precios.

En el contexto actual, donde la inflación mensual supera la tasa de muchos plazos fijos tradicionales, el plazo fijo UVA se presenta como una opción más eficiente para aquellos que priorizan la cobertura inflacionaria. Durante gran parte de 2025, los depósitos ajustados por inflación habían perdido terreno frente a alternativas más líquidas, pero el reciente repunte inflacionario ha cambiado esta dinámica. En febrero de 2026, el sistema financiero registró un aumento del 18,7% en los plazos fijos UVA en comparación con enero, aunque aún se observa una caída interanual del 51,6%.

El comportamiento de los ahorristas también ha cambiado, con un aumento en la participación de los plazos fijos UVA precancelables, que permiten a los inversores acceder a sus fondos antes del vencimiento. Esto indica que muchos ahorristas buscan una cobertura inflacionaria sin renunciar completamente a la liquidez. En este sentido, el Banco Nación ha lanzado una nueva modalidad de plazo fijo UVA que ofrece intereses mensuales, lo que puede resultar atractivo para aquellos que desean recibir una renta periódica mientras su capital se ajusta por inflación.

Para los inversores, la decisión entre un plazo fijo tradicional y uno UVA dependerá de su perfil y necesidades. Aquellos que requieren liquidez inmediata o que anticipan una baja rápida de la inflación pueden preferir los plazos fijos tradicionales. Sin embargo, si la expectativa es que la inflación se mantenga elevada en el corto y mediano plazo, el plazo fijo UVA podría ser una alternativa más adecuada para preservar el valor de los pesos. Con la inflación de marzo en 3,4% y señales de persistencia, los plazos fijos tradicionales podrían quedar rezagados en términos reales.

De cara al futuro, será crucial observar la trayectoria inflacionaria de abril y mayo. Si la inflación se mantiene en niveles cercanos al 3% mensual o superiores, es probable que continúe la migración hacia instrumentos indexados como el plazo fijo UVA. Por el contrario, si se observa una desaceleración en el índice de precios, los plazos fijos tradicionales podrían recuperar atractivo, lo que podría influir en las decisiones de los ahorristas en los próximos meses.