La presión cambiaria en Argentina se ha intensificado, llevando al tipo de cambio oficial a un nuevo nivel máximo de $1.471 en el segmento mayorista. Este aumento representa un incremento del 4,5% en lo que va de junio y un 8% desde el mínimo alcanzado a mediados de abril. La combinación de una oferta de divisas en retracción y un aumento en la demanda ha llevado al Banco Central a moderar sus compras de reservas, lo que ha contribuido a la escalada del tipo de cambio.

Los analistas financieros han comenzado a establecer rangos de precios para el dólar en el corto plazo. Salvador Di Stefano, por ejemplo, estima que el tipo de cambio podría oscilar entre $1.450 y $1.500, anticipando un aumento en la demanda de dólares debido a la proximidad de las vacaciones de invierno en julio. Este fenómeno podría intensificar la compra de divisas por parte de las familias que planean viajar al exterior, lo que a su vez podría ejercer más presión sobre el mercado cambiario.

Gustavo Ber, otro analista, prevé que el dólar se mantenga en torno a $1.450 durante el resto de junio, con un piso de $1.430 y un techo de $1.470. Sin embargo, advierte que la evolución del tipo de cambio dependerá en gran medida de la estabilidad de las monedas emergentes y de la recuperación del dólar a nivel global. Para el segundo semestre, se espera un aumento más acelerado, con proyecciones que sitúan el tipo de cambio en torno a $1.650 para fin de año.

El Banco Central ha reducido significativamente sus compras de reservas, lo que ha llevado a una disminución en la liquidación de divisas por parte del sector agroexportador. En la primera jornada de la semana, el BCRA adquirió solo u$s50 millones, una cifra que contrasta con los picos de hasta u$s450 millones en meses anteriores. Esta tendencia sugiere que el tipo de cambio actual no permite al Banco Central mantener el ritmo de compras anterior, lo que podría llevar a una mayor presión sobre el mercado cambiario si no se implementan nuevas fuentes de ingreso de divisas.

A medida que se avanza hacia el segundo semestre, los analistas coinciden en que el tipo de cambio podría experimentar una tendencia alcista gradual, sin movimientos abruptos. La evolución de los flujos financieros y las expectativas sobre el programa económico serán determinantes para definir la velocidad de este aumento. En este contexto, se espera que el dólar se mantenga en un rango de entre $1.420 y $1.480 en el corto plazo, mientras el mercado evalúa la sostenibilidad del proceso de desinflación y la llegada de nuevos ingresos de capital.