El mercado laboral argentino ha mostrado un deterioro significativo en los últimos meses, con la pérdida de más de 200.000 puestos de trabajo en condición de formalidad desde noviembre de 2023. En marzo, el empleo asalariado formal total sufrió una caída de 11.000 puestos, mientras que el empleo asalariado formal privado retrocedió un 0,1% en comparación con febrero. Este descenso es alarmante, ya que refleja las dificultades que enfrentan sectores clave como la industria y el comercio, que continúan liderando la destrucción de empleo desde septiembre de 2025.

Un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) destaca que la cantidad de trabajadores asalariados registrados del sector privado se encuentra por debajo de los niveles previos al inicio de la actual gestión. En términos de comparación histórica, el nivel de empleo formal actual es similar al registrado en junio de 2022, lo que indica un estancamiento prolongado en la creación de empleo. Además, las pequeñas empresas han sido las más afectadas, reduciendo su personal, mientras que las grandes compañías han incrementado sus plantillas, lo que evidencia una recuperación desigual dentro del sector privado.

La situación del salario mínimo también es preocupante, ya que ha perdido casi un 40% de su poder adquisitivo desde noviembre de 2023. Este deterioro comenzó a intensificarse en diciembre de 2023, cuando el salario mínimo real cayó un 15% debido a la aceleración inflacionaria. Aunque ha habido intentos de aumentos nominales, la tendencia general sigue siendo negativa, lo que ha llevado a que el salario mínimo actual se encuentre por debajo de los niveles registrados antes de la crisis de la convertibilidad en 2001. En términos históricos, el salario mínimo de mayo de 2026 es inferior al observado en 2001 y representa una pérdida del 66,5% respecto del máximo alcanzado en septiembre de 2011.

El informe también revela que el desempleo femenino ha mostrado un desempeño relativamente más favorable que el masculino en los últimos meses, con un leve crecimiento del 0,1% en abril, mientras que el empleo masculino cayó un 0,1%. Sin embargo, esto no es suficiente para revertir la tendencia general de deterioro en el mercado laboral. La destrucción de empresas empleadoras también ha sido notable, con 2.011 compañías menos en marzo y un total de 14.203 firmas perdidas en el último año, lo que representa una baja del 2,84%. Este descenso es el más fuerte en 25 meses consecutivos de caídas interanuales.

Para los inversores, la caída del empleo formal y la pérdida de poder adquisitivo del salario mínimo son indicadores de un consumo debilitado en el país. La producción metalúrgica, por ejemplo, ha registrado una caída interanual del 5,1% en mayo, lo que refleja una contracción generalizada en varios sectores de la economía. Con la inflación en aumento y los salarios estancados, la capacidad de consumo de los argentinos se ve afectada, lo que puede impactar negativamente en las proyecciones de crecimiento económico para el futuro. Los inversores deben estar atentos a las políticas que el gobierno de Javier Milei implemente para abordar estos desafíos, así como a los resultados de las próximas mediciones de empleo y salario.

En el futuro, será crucial monitorear la evolución del empleo y los salarios, así como las políticas económicas que se implementen para intentar revertir esta tendencia negativa. La próxima medición del empleo formal y la evolución del salario mínimo serán claves para evaluar si se están tomando medidas efectivas para mejorar la situación laboral en el país. Además, se espera que el gobierno continúe presionando por una reducción de impuestos y una competencia más leal con actores internacionales, lo que podría tener implicaciones significativas para el mercado laboral y la economía en general.