Marina Lambertini, ingeniera agrónoma, ha logrado coordinar 1000 hectáreas de producción hortícola en Argentina, un avance significativo en un sector que enfrenta desafíos constantes. Desde su infancia, Lambertini mostró un interés profundo por la agricultura, influenciada por la compra de un campo por parte de su padre. Su trayectoria profesional comenzó en el campo familiar, donde experimentó con la horticultura y desarrolló una pasión por el cultivo de verduras, especialmente tomates y hortalizas de hoja verde.

La horticultura en Argentina ha evolucionado en las últimas décadas, con la introducción de invernaderos que permiten la producción durante todo el año. Este cambio ha sido crucial para satisfacer la demanda de verduras frescas en supermercados y restaurantes. Lambertini ha trabajado en diversas empresas del sector, acumulando experiencia que ahora aplica en Sueño Verde, donde asegura el abastecimiento de productos frescos. La producción se distribuye a lo largo del año en diferentes regiones, adaptándose a las condiciones climáticas de cada zona, lo que es esencial para mantener la calidad y frescura de los productos.

Uno de los principales retos que enfrenta el sector hortícola argentino es la informalidad de muchos productores, lo que dificulta la implementación de buenas prácticas agrícolas y el uso responsable de agroquímicos. Lambertini trabaja para desarrollar un modelo más formal y sostenible, colaborando con entre 10 y 12 productores fijos y buscando mejorar la trazabilidad y la calidad de los cultivos. La falta de financiamiento y la escasa mecanización son obstáculos significativos, ya que muchos productores dependen del trabajo manual, lo que incrementa los costos de producción.

La situación se complica aún más con la escasez de mano de obra dispuesta a realizar trabajos en el campo, lo que ha llevado a un aumento en los costos laborales. En este contexto, la incorporación de maquinaria podría ser una solución viable para aumentar la eficiencia y reducir la dependencia del trabajo manual. Sin embargo, las dificultades para importar tecnología y acceder a créditos limitan esta posibilidad. La apertura para importar maquinaria agrícola usada podría ofrecer una alternativa, aunque los altos costos de importación siguen siendo un desafío.

A futuro, la industria hortícola argentina deberá adaptarse a las nuevas realidades del mercado y buscar formas de innovar y mejorar la competitividad. La implementación de tecnologías más avanzadas y el acceso a financiamiento son cruciales para lograr un crecimiento sostenible. Los productores deben estar atentos a las oportunidades de financiamiento y a las nuevas regulaciones que podrían impactar en la producción y comercialización de hortalizas. La evolución del sector dependerá de su capacidad para adaptarse a estos cambios y de la inversión en tecnología y capacitación.