El 1 de julio se llevará a cabo una reunión crucial de ministros de economía y comercio de México, Estados Unidos y Canadá, donde se realizará la primera revisión conjunta del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC). Esta reunión se produce en un contexto de incertidumbre que ha persistido durante 14 meses, marcado por la imposición de aranceles y una baja inversión en México, especialmente en el sector manufacturero. A pesar de la Inversión Extranjera Directa (IED) reportada, la realidad es que muchas empresas no están iniciando nuevos proyectos hasta tener claridad sobre el futuro del tratado.

La situación actual refleja un cambio en la forma en que las empresas invierten en México. En lugar de construir fábricas desde cero, muchas prefieren establecerse en parques industriales que ofrecen seguridad y conectividad. Este fenómeno, conocido como 'nearshoring', ha llevado a un aumento en la inversión en construcción no residencial, que superó los diez mil millones de dólares en 2023, un incremento notable en comparación con los niveles pre-pandemia. Sin embargo, la mayoría de estas inversiones no se registran como IED, lo que puede distorsionar la percepción del crecimiento económico en la región.

En cuanto a la revisión del T-MEC, se vislumbran cinco posibles escenarios. El primero es continuar con el tratado tal como fue concebido durante la administración Trump, con ligeras modificaciones. El segundo escenario implica cambios significativos en el tratado, que podrían incluir un nuevo nombre. Un tercer escenario sugiere la posibilidad de revisiones anuales, mientras que el cuarto contempla mantener el statu quo con los aranceles actuales. Finalmente, el quinto escenario contempla la terminación del T-MEC sin un tratado que lo reemplace. Los escenarios más probables parecen ser el tercero y el cuarto, dado el contexto político en Estados Unidos, donde las elecciones primarias se acercan y hay poca disposición para realizar cambios legislativos.

Las implicancias para los inversores son significativas. Si se opta por el statu quo o revisiones anuales, la incertidumbre podría continuar afectando la inversión en México, lo que a su vez impactaría en la economía argentina, dado que muchos inversores argentinos están atentos a las oportunidades en el mercado mexicano. La falta de claridad sobre el futuro del T-MEC podría llevar a una reducción en la IED y, por ende, en el crecimiento económico de la región. Además, las empresas automotrices, que son un pilar importante de la economía mexicana, podrían verse obligadas a ajustar sus planes de inversión, lo que afectaría la producción y el empleo.

Mirando hacia el futuro, es crucial monitorear las próximas rondas de negociaciones programadas para mediados de junio y finales de julio. Estas fechas serán determinantes para entender cómo se desarrollará la relación comercial entre los tres países y qué cambios, si los hay, se implementarán en el T-MEC. La incertidumbre actual podría persistir hasta que se logren acuerdos claros, lo que subraya la importancia de seguir de cerca este proceso y sus repercusiones en el mercado regional, especialmente para los inversores argentinos que buscan diversificar sus operaciones en América del Norte.