El gobierno de Estados Unidos anunció el 1 de junio que, tras una investigación bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio, ha determinado que Brasil ha actuado de manera no razonable en sus prácticas comerciales. Esta decisión podría resultar en la imposición de una tarifa adicional del 25% sobre productos brasileños, aunque aún no se ha aplicado y se espera que continúen las negociaciones hasta el 15 de julio. Las preocupaciones de EE.UU. abarcan diversas áreas, incluyendo el comercio digital, servicios de pago electrónico, y la protección de la propiedad intelectual, entre otros.

La investigación fue iniciada a petición del expresidente Donald Trump y se centra en prácticas que, según el USTR, restringen injustamente el comercio bilateral. Entre las acusaciones se encuentran la falta de medidas efectivas contra la corrupción, el desmantelamiento de políticas que favorecen a empresas locales en detrimento de las estadounidenses, y la ineficacia en la lucha contra el desmatamiento ilegal. Este contexto se agrava por el hecho de que Brasil ha sido señalado por no ofrecer un tratamiento tarifario recíproco en el sector del etanol desde 2017, lo que ha generado tensiones en el comercio agrícola.

Históricamente, Brasil ha mantenido relaciones comerciales complejas con EE.UU., y la imposición de tarifas podría tener un impacto significativo en las exportaciones brasileñas, que ya enfrentan desafíos debido a la competencia global. En 2022, las exportaciones de Brasil a EE.UU. alcanzaron aproximadamente 40 mil millones de dólares, y cualquier aumento en las tarifas podría afectar la competitividad de productos brasileños como el café, la soja y el etanol. La propuesta de tarifas también se produce en un momento en que la economía brasileña está intentando recuperarse de los efectos de la pandemia y de una inflación persistente.

Para los inversores, la incertidumbre generada por esta situación podría traducirse en volatilidad en el mercado de acciones brasileño y en el tipo de cambio del real. Si las tarifas se implementan, se espera que las empresas exportadoras brasileñas enfrenten márgenes de ganancia más ajustados, lo que podría reflejarse en sus cotizaciones en bolsa. Además, la posibilidad de que EE.UU. mantenga o aumente las tarifas en el futuro añade un nivel adicional de riesgo para los inversores que buscan exposición al mercado brasileño.

A futuro, es crucial monitorear las negociaciones entre EE.UU. y Brasil, especialmente con la audiencia programada para el 6 de julio, donde se espera que se presenten argumentos a favor y en contra de las acciones propuestas. La respuesta del gobierno brasileño y las medidas que tome para abordar las preocupaciones de EE.UU. serán determinantes en la evolución de esta situación. Además, la reacción del mercado a estas noticias podría influir en la percepción general de riesgo en la región, afectando también a otros países latinoamericanos que mantienen relaciones comerciales con EE.UU.