La inflación en Perú está proyectada para superar el 4% en 2026, impulsada principalmente por el aumento en los precios de los combustibles. Este fenómeno se ha visto exacerbado por el conflicto en Medio Oriente, que ha elevado las cotizaciones internacionales del petróleo a cerca de 100 dólares por barril, un 30% más que antes del estallido del conflicto. A raíz de esto, el precio del diésel en Lima Metropolitana ha experimentado un incremento del 50%, pasando de 15.40 a 23.10 soles, lo que ha generado presiones inflacionarias significativas en la economía peruana.

El Instituto Peruano de Economía (IPE) ha señalado que aproximadamente el 70% del aumento en los precios de los combustibles se debe a las mayores cotizaciones internacionales. Además, la depreciación del sol, provocada por la incertidumbre política en torno a las elecciones, ha contribuido a este aumento, aunque en menor medida. En abril, la inflación anual de combustibles alcanzó un 13.5%, el nivel más alto desde 2010, mientras que la inflación en el sector transporte se disparó a 18.6%, marcando un máximo en casi tres décadas.

El impacto de estos aumentos no ha sido uniforme en todo el país. Ciudades como Puerto Maldonado y Moquegua han experimentado inflaciones anuales de 6.0% y 4.6%, respectivamente, debido a los altos precios de los combustibles y el transporte. En contraste, otras ciudades como Tumbes y Trujillo se han mantenido dentro del rango meta del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), con inflaciones de 0.8% y 1.8%. Este comportamiento sugiere que, aunque la inflación está en aumento, no todos los sectores de la economía están siendo afectados de la misma manera.

Además de los combustibles, otros insumos clave también han visto incrementos significativos en sus precios. En abril, los costos de insumos utilizados en la producción de alimentos y materiales de construcción aumentaron entre un 6% y un 8%. Esto ha llevado a un crecimiento del 5.0% en el Índice de Precios al Por Mayor en lo que va del año. La presión inflacionaria que esto representa podría trasladarse gradualmente a los precios finales que pagan los consumidores, lo que sugiere que el impacto inflacionario aún podría materializarse en los próximos meses.

El Banco Mundial ha advertido sobre el riesgo de que los precios de los fertilizantes, como la urea, continúen en aumento, alcanzando hasta un 30% más en 2026. Esto podría encarecer los costos de cultivos esenciales, lo que afectaría aún más la inflación en el país. Según el IPE, se espera que la inflación cierre en 4.1% en 2026, fuera del rango meta del BCRP, y el retorno a este rango no se anticipa hasta 2027, dependiendo de la estabilidad de los choques de oferta y de las expectativas de inflación.

La situación actual plantea un desafío significativo para el próximo gobierno, que deberá crear un entorno económico que favorezca la inversión y evite la volatilidad cambiaria. La incertidumbre política ya ha llevado a un aumento en el tipo de cambio, que pasó de 3.39 a 3.53 soles por dólar en abril. La autonomía del BCRP y el nivel de reservas internacionales serán cruciales para mitigar el impacto de estos choques en la economía familiar. La credibilidad del BCRP, construida a lo largo de tres décadas, será fundamental para manejar la situación inflacionaria actual y asegurar la estabilidad económica del país.