La economía brasileña mostró una recuperación en el primer trimestre de 2026, con un crecimiento del 1,3% en comparación con el trimestre anterior, donde la expansión fue marginal, de solo 0,1%. Sin embargo, el Índice de Actividad Económica del Banco Central (IBC-Br) reportó una caída del 0,7% en marzo, lo que sugiere que la recuperación podría ser frágil. A pesar de la desaceleración en el sector de servicios, que cayó un 0,8% en marzo, la agropecuaria se destacó con un crecimiento acumulado del 5,8% en los últimos doce meses, impulsando el Producto Interno Bruto (PIB) del país.

El crecimiento en el primer trimestre fue impulsado por el sector agropecuario y la industria del petróleo y gas, beneficiados por el aumento de los precios del petróleo a raíz del conflicto en Medio Oriente. Este contexto ha permitido que Brasil, como exportador neto de petróleo, vea un incremento en sus saldos comerciales, lo que podría contribuir positivamente al PIB en el futuro. Sin embargo, la caída en el sector de servicios, que representa el 69,5% del PIB, plantea preocupaciones sobre la sostenibilidad de este crecimiento. La desaceleración en los servicios podría impactar negativamente en la economía en los próximos trimestres, según las proyecciones de la Secretaría de Política Económica del Ministerio de Hacienda.

A pesar de la caída en los servicios, el primer trimestre mostró un buen desempeño en otros sectores, como la industria manufacturera, que comenzó a recuperarse de su letargo. La combinación de un alto nivel de ocupación y aumentos salariales por encima de la inflación había impulsado el consumo, pero esta tendencia parece estar revirtiéndose. Según el Boletín Macrofiscal, el crecimiento de los ingresos reales se ha desacelerado, lo que podría afectar el gasto de las familias y, por ende, la demanda en el sector servicios.

El Banco Central de Brasil mantiene una postura cautelosa, señalando que la economía sigue una trayectoria de moderación. La política fiscal expansiva del gobierno, que incluye subsidios y recortes de impuestos, está diseñada para mitigar el impacto del choque del petróleo en el consumo y la inversión. Sin embargo, esta estrategia podría complicar los esfuerzos del Banco Central para controlar la inflación, que ya ha comenzado a repuntar, alcanzando un 4,4% en abril. La proyección de inflación del Boletín Focus se ha ajustado al alza, lo que sugiere que el entorno económico podría volverse más desafiante en el corto plazo.

Mirando hacia el futuro, se espera que la economía brasileña se reactive en los últimos meses del año, con un crecimiento proyectado del 2,3% para el cuarto trimestre, aunque esto es más optimista que las proyecciones de consultoras privadas, que estiman un crecimiento del 1,9%. Los inversores deben estar atentos a la evolución de los precios del petróleo y su impacto en la economía local, así como a las decisiones del Banco Central en relación con las tasas de interés y la política monetaria. La situación del sector servicios será crucial para determinar la trayectoria del crecimiento en los próximos trimestres, y cualquier signo de desaceleración adicional podría tener repercusiones significativas en el mercado.