Desde 2019, la clase media en Perú ha experimentado un notable retroceso, pasando del 39% de la población al 34% en 2025, lo que equivale a aproximadamente 909 mil personas que han dejado de pertenecer a este grupo socioeconómico. Este descenso se produce en un contexto donde la recuperación económica post-pandemia no ha logrado revertir el deterioro de los ingresos y la calidad de vida de muchos peruanos. A pesar de los avances en la cobertura de servicios básicos, la calidad de estos ha sido insuficiente para mantener el bienestar de la población.

Entre 2004 y 2019, la clase media peruana se duplicó, impulsada por un crecimiento económico sostenido que fomentó la inversión privada y generó empleo adecuado. Durante este periodo, la tasa de empleo adecuado se incrementó del 23.5% al 55.8%, lo que permitió a más hogares salir de la pobreza. Sin embargo, la situación ha cambiado drásticamente en los últimos años, con la clase media enfrentando una reducción en su tamaño y en sus ingresos, que aún se encuentran un 0.5% por debajo de los niveles prepandemia.

El crecimiento económico que había beneficiado a la clase media se ha visto afectado por diversos choques, incluyendo la pandemia y la disminución de la inversión privada, que pasó de crecer a doble dígito entre 2005 y 2014 a apenas un 0.1% anual en el quinquenio siguiente. Este estancamiento ha impactado negativamente en la capacidad del Estado para ofrecer servicios de calidad, lo que se refleja en la insatisfacción de la población con la gestión pública y la calidad de los servicios básicos como educación y salud.

Para los inversores, esta situación plantea un escenario de incertidumbre. La caída en la clase media puede traducirse en una menor demanda de bienes y servicios, afectando a sectores clave de la economía. Además, la falta de confianza en la capacidad del Estado para gestionar recursos y ofrecer servicios de calidad podría desincentivar la inversión privada, lo que a su vez podría frenar el crecimiento económico en el futuro. Las proyecciones indican que, si no se implementan reformas efectivas, la recuperación de la clase media y el cierre de brechas sociales seguirán siendo un desafío.

De cara al futuro, es crucial que el próximo gobierno reconozca la importancia de recuperar el dinamismo de la inversión privada y fortalecer la estabilidad macroeconómica. Las reformas que mejoren la capacidad del Estado para convertir el crecimiento en servicios públicos de calidad son esenciales. A medida que se aproximan las elecciones, será fundamental observar las propuestas de los candidatos en relación con la inversión y la gestión pública, así como las medidas que se implementen para abordar las necesidades de la población y fomentar un entorno económico más favorable.