La pobreza en Perú ha mostrado una ligera reducción en 2025, pero persiste un desafío significativo: la elevada informalidad laboral. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), cerca del 89.1% de la población en condición de pobreza trabaja en la informalidad. Esta situación no solo limita el acceso a beneficios laborales, sino que también se traduce en ingresos considerablemente más bajos. El salario promedio de los trabajadores informales es de S/ 1,226 mensuales, mientras que los formales alcanzan S/ 3,233, lo que representa una brecha de más de S/ 2,000 mensuales.

A pesar de una leve disminución en las cifras de pobreza, la brecha de ingresos entre trabajadores formales e informales se ha ampliado. En el último periodo, el salario promedio formal creció en aproximadamente S/ 193, mientras que el informal solo aumentó en S/ 60. Esto sugiere una creciente desigualdad en el mercado laboral, donde el 70.2% de la fuerza laboral se encuentra en el sector informal, enfrentando mayores riesgos de interrupciones laborales y pérdida de ingresos. Martín Valencia, del Instituto Peruano de Economía (IPE), advierte que si esta tendencia persiste, será difícil reducir la pobreza de manera sostenible.

El sector informal, aunque permite a muchos evitar caer en la pobreza, está compuesto en gran parte por actividades de baja productividad. Un análisis de ComexPerú indica que la informalidad no es en sí misma un generador de pobreza, sino que la distribución de trabajadores en actividades poco productivas es lo que frena el aumento de ingresos. En particular, el sector agropecuario, que concentra cerca del 40% de la población pobre, presenta salarios informales que rondan los S/ 770, lo que perpetúa la vulnerabilidad económica de sus trabajadores.

Las regiones más afectadas por la pobreza, como Huancavelica, muestran caídas en los ingresos informales, con un salario promedio de S/ 789, que es solo un cuarto de lo que ganan los empleados formales en la misma área. La mala campaña agrícola ha contribuido a esta situación, afectando cultivos esenciales como la papa y el maíz, que son fuentes de ingresos para el sector informal rural. Sin mejoras en la productividad y un aumento en el empleo formal, la situación de pobreza podría agravarse, especialmente en departamentos donde el agro es predominante.

A futuro, es crucial monitorear las políticas laborales y tributarias que puedan incentivar la formalización del empleo. La inserción laboral de los jóvenes es un desafío clave, ya que muchos comienzan su carrera en empleos informales, dificultando su transición hacia la formalidad. Sin cambios significativos en la estructura del mercado laboral, Perú podría enfrentar un estancamiento en la reducción de la pobreza, lo que afectaría no solo a la economía local, sino también a la percepción de estabilidad en la región, incluyendo a países vecinos como Argentina, que también lidian con altos niveles de informalidad y pobreza.