Este martes, Fitch Ratings elevó la calificación de la deuda soberana argentina de CCC+ a B-, marcando un cambio significativo tras años de deterioro en la percepción crediticia del país. Esta mejora se fundamenta en varios factores positivos, incluyendo avances en la consolidación fiscal, la acumulación de reservas y reformas estructurales implementadas por el gobierno de Javier Milei. Según el comunicado de Fitch, la decisión refleja "balances fiscales y externos estructuralmente mejorados", así como la expectativa de que el gobierno logre financiamiento suficiente para cumplir con sus obligaciones de deuda.

La nueva calificación B- sitúa a Argentina fuera de la categoría de default selectivo, lo que implica un avance en la credibilidad del país ante los mercados internacionales. Desde la llegada de Milei al poder, el gobierno ha priorizado la compra de dólares, logrando acumular aproximadamente 7.100 millones de dólares hasta abril de este año, con un objetivo de sumar entre 10.000 y 17.000 millones de dólares durante el año. Fitch también proyecta un aumento de 8.000 millones de dólares en reservas internacionales netas, alineándose con las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Argentina ha logrado convertirse en un exportador neto de energía, lo que ha fortalecido su resiliencia frente a los choques globales en los precios. La agencia anticipa un déficit de cuenta corriente de solo 1% del PIB para este año, un dato que se encuentra por debajo de la mediana de países con calificaciones similares. La política fiscal se centra en mantener un presupuesto equilibrado, lo que representa un cambio significativo respecto a la gestión anterior. Fitch estima un superávit primario del 1,1% del PIB para 2026, lo que posicionaría a Argentina entre los mejores de su categoría.

El gobierno ha logrado avances legislativos importantes, incluyendo reformas laborales y cambios en la Ley Nacional de Glaciares, que buscan flexibilizar restricciones ambientales a la minería. Además, se ha aprobado el presupuesto para 2026, lo que refuerza la agenda de desregulación y atracción de inversión privada. Sin embargo, Fitch advierte que el gobierno ha optado por no recurrir a los mercados externos para financiar sus obligaciones, lo que podría limitar la capacidad de fortalecer el colchón de liquidez en un año electoral. Los vencimientos de deuda en dólares aumentarán en 2027, lo que podría generar presiones adicionales en el financiamiento.

En cuanto a la inflación, aunque se ha observado una desaceleración, el repunte en marzo de 2026 a 3,4% sugiere que el proceso enfrenta obstáculos. Fitch proyecta que la inflación mensual podría bajar a menos del 2% hacia finales de año, pero el crecimiento se ha concentrado en sectores como minería, petróleo y gas, mientras que la construcción y la industria han permanecido estancadas. Para 2026, se prevé una expansión del 3,2% en la economía, aunque la popularidad del gobierno podría verse afectada por el bajo crecimiento y la inflación.

La mejora en la calificación de Fitch tiene implicaciones concretas para la economía argentina. En primer lugar, podría reducir el costo del financiamiento, ya que una mejor calificación disminuye la percepción de riesgo, lo que podría traducirse en tasas de interés más bajas al emitir deuda. Además, esta mejora podría atraer a nuevos inversores, ampliando el universo de actores dispuestos a considerar oportunidades en el país. Sin embargo, es importante tener en cuenta que la calificación B- aún indica un alto nivel de riesgo, por lo que Argentina deberá consolidar estos avances para que se traduzcan en beneficios sostenibles a largo plazo.