La morosidad de las familias argentinas sigue en aumento, alcanzando un 11,5% en marzo, un incremento desde el 11,2% registrado en febrero. Este aumento se ha visto corroborado por datos de la Central de Deudores del BCRA, que indican que la irregularidad en los pagos de deudas bancarias ha escalado por decimoséptimo mes consecutivo, estableciendo un nuevo récord desde 2004. A pesar de las afirmaciones del Gobierno de que la peor parte ha pasado y que no existe un riesgo sistémico, la realidad en el terreno sugiere lo contrario, con señales de alerta que incluyen la caída de salarios y el sobreendeudamiento de los hogares.

Los analistas del sector financiero han señalado que, aunque no se percibe un problema estructural inmediato, la situación es preocupante. La caída de los ingresos y el aumento del apalancamiento están llevando a muchas familias a recurrir a créditos para cubrir necesidades básicas. En este contexto, el crédito no bancario ha mostrado un crecimiento significativo, con la morosidad en este segmento alcanzando un alarmante 30,1% en marzo, superando el 29% de febrero. Este fenómeno es particularmente preocupante dado que las entidades no financieras representan el 17% del total de préstamos a familias en Argentina.

En términos de contexto histórico, la morosidad en el crédito a hogares era de solo 2,5% en octubre de 2024, lo que indica un aumento casi cinco veces en un año y medio. Este aumento se produce a pesar de que el Producto Bruto Interno (PBI) ha crecido un 1,8% en el mismo período. La situación se complica aún más con el hecho de que el crédito no bancario ha caído un 1,4% en términos reales en marzo, mientras que el crédito bancario tradicional también se contrajo un 1,9%. Sin embargo, el stock total de préstamos sigue siendo un 139,8% superior a los niveles de marzo de 2024.

Las tasas de interés también están influyendo en la morosidad. Las fintechs y otros prestamistas no regulados están cobrando tasas desproporcionadas, algunas alcanzando hasta el 824% de Tasa Nominal Anual (TNA). Esto crea una espiral de morosidad, especialmente entre los sectores más vulnerables de la población, que se ven forzados a aceptar condiciones de crédito desfavorables. La diferencia en las cuotas mensuales entre un crédito bancario y uno de una fintech puede ser de hasta un 80%, lo que agrava la situación financiera de muchas familias.

A futuro, la situación de la morosidad podría estabilizarse, pero no sin riesgos. Las proyecciones indican que la inflación se mantendrá en torno al 2% sin sobresaltos significativos, y las tasas de interés han pasado por su peor momento. Sin embargo, el panorama no es del todo optimista, ya que el Congreso argentino está considerando al menos 29 proyectos de ley que buscan regular el endeudamiento de los hogares, lo que podría tener implicaciones adicionales en el acceso al crédito y la salud financiera de las familias. La evolución de estos proyectos y su impacto en el mercado de crédito será un aspecto a monitorear en los próximos meses.