A pesar del optimismo generado por el auge de Vaca Muerta, la situación fiscal de Argentina se complica debido al aumento en la importación de gas licuado de petróleo (GLP). La reciente escalada en los precios internacionales del crudo ha llevado a economistas a advertir que los costos asociados a la importación de gas podrían superar los ingresos generados por las exportaciones de petróleo. Esto se debe a que el costo de los barcos necesarios para traer el GLP no se compensará con los ingresos adicionales que se obtendrán por las exportaciones, lo que podría generar un déficit fiscal en el sector energético.

El esquema de retenciones móviles para la exportación de petróleo, que tiene un tope del 8%, ha sido criticado por su diseño ineficiente. Según el economista Daniel Artana, este tope es demasiado bajo en comparación con las regalías móviles de otros países productores, lo que limita la capacidad del gobierno para cubrir los gastos adicionales que se derivan de la importación de gas. La reciente subida de la retención del 3,6% al 8% tras el aumento del crudo Brent por encima de los 100 dólares no será suficiente para cubrir los subsidios al transporte público, lo que pone en riesgo la estabilidad fiscal del país.

Desde el inicio del año, los subsidios a la energía han aumentado un 86% en términos reales, mientras que los subsidios al transporte han sido recortados en un 31%. Esta disparidad en el gasto público refleja la presión que enfrenta el gobierno para equilibrar las cuentas fiscales en un contexto de alta inflación. La recaudación proveniente del impuesto a los combustibles, que ya representa más del 3% del total, se ha convertido en un pilar fundamental, superando incluso los ingresos por derechos de exportación y aranceles de importación.

La situación se complica aún más con la reciente restricción en el suministro de gas natural comprimido (GNC) en varias estaciones de servicio, lo que ha generado preocupación en la industria. Las empresas Naturgy y Metrogas han limitado las ventas a su capacidad contratada, lo que ha llevado a que industrias del norte del país, que dependen del gas, enfrenten dificultades. Esto recuerda a situaciones anteriores de recortes en el suministro, como las ocurridas durante el invierno de 2024, lo que podría tener un impacto negativo en la producción industrial.

En el futuro, los analistas sugieren que el costo fiscal del sector energético podría agravarse si los precios internacionales del gas continúan en aumento y la demanda interna se mantiene alta debido a las bajas temperaturas. La falta de infraestructura para transportar el gas desde Vaca Muerta hacia los centros urbanos es un obstáculo que limita la capacidad de producción del país. La situación actual plantea interrogantes sobre la capacidad del gobierno para gestionar el equilibrio fiscal y energético en un entorno de creciente presión inflacionaria y demanda de energía.