Petro-Perú se encuentra en una situación crítica, con la amenaza de detener sus operaciones en las refinerías de Talara y Conchán debido a la falta de financiamiento. Roger Arévalo, presidente de la empresa estatal, advirtió ante el Congreso que la refinería de Iquitos ya ha cesado operaciones y que las otras dos están al borde de la paralización por la imposibilidad de adquirir petróleo. La empresa enfrenta una deuda de más de 2.500 millones de dólares con sus proveedores, lo que complica aún más su capacidad para operar y abastecerse de crudo.

La crisis se ha visto agravada por la reciente escalada de la guerra en Medio Oriente, que ha elevado los precios del petróleo y restringido el acceso a este commodity. Según Gustavo Villa, gerente general de Petro-Perú, los costos del diésel y las gasolinas han aumentado hasta un 40%, mientras que los costos logísticos de importación han crecido más de un 20%. Esta situación ha llevado a que los proveedores exijan pagos al contado, lo que limita aún más la capacidad de Petro-Perú para operar sus refinerías.

Históricamente, Petro-Perú ha enfrentado desafíos financieros, pero la actual crisis es particularmente severa. La refinería de Talara, que debería producir 95 mil barriles por día, actualmente solo está generando 60 mil barriles, lo que refleja una disminución significativa en su capacidad operativa. La falta de financiamiento no solo afecta a la empresa, sino que también tiene implicaciones para el mercado energético del Perú, que podría enfrentar una crisis si las refinerías se detienen por completo.

El gobierno peruano está considerando un Decreto de Urgencia para proporcionar financiamiento a Petro-Perú, pero este plan no incluye un aporte directo del Estado. En cambio, se busca que un banco privado preste 2.000 millones de dólares, aunque la necesidad total de la empresa es de 2.500 millones. Esta situación plantea interrogantes sobre la viabilidad de la empresa y su capacidad para cumplir con sus obligaciones financieras en el corto plazo.

A futuro, es crucial monitorear la evolución de este financiamiento y la respuesta del gobierno. La implementación de auditorías independientes sobre el Proyecto de Modernización de la Nueva Refinería de Talara también será fundamental para entender las razones detrás del aumento de costos en este proyecto, que comenzó con un presupuesto de 450 millones de dólares y ha escalado a 7.000 millones. La falta de transparencia en la gestión de Petro-Perú podría llevar a una mayor desconfianza entre los inversores y proveedores, complicando aún más su situación financiera.