- El consumo masivo en Argentina muestra un leve aumento del 1% interanual, pero sigue siendo frágil.
- Las familias están reduciendo las compras grandes en supermercados, optando por operaciones más pequeñas en comercios de cercanía.
- Los salarios han caído un 4,33% real entre septiembre y febrero, afectando el poder adquisitivo.
- La morosidad familiar alcanzó un 11,2% en febrero, el nivel más alto en más de 20 años.
- El consumo total privado cayó un 2,6% interanual en marzo, evidenciando una economía de consumo dividida.
El consumo en Argentina está experimentando un reacomodamiento significativo, donde los hogares están priorizando sus gastos en transporte, servicios y comercios de cercanía. A pesar de algunos signos de mejora en ciertos rubros, el gasto cotidiano sigue siendo afectado por la pérdida de poder adquisitivo y el aumento de tarifas. Según el director comercial de Nielsen, Damián Graziano, el consumo masivo muestra un leve repunte, principalmente en bebidas y alimentos, aunque este aumento es modesto, con una mejora interanual de apenas el 1%. Esto indica que la recuperación aún está lejos de ser sólida.
Los hogares argentinos están ajustando sus presupuestos, alejándose de las grandes compras en supermercados y optando por operaciones más pequeñas y frecuentes en almacenes y autoservicios. Este cambio de comportamiento se debe a la necesidad de controlar el gasto en un contexto donde los ingresos disponibles han disminuido. En particular, los supermercados han sido uno de los canales más afectados, con una caída cercana al 5% en las ventas interanuales durante el último bimestre. Este fenómeno refleja una tendencia hacia un consumo más funcional, donde se priorizan los gastos esenciales y se renuncian a marcas premium.
El diagnóstico de la situación económica es complejo. La Universidad de Palermo reporta que el consumo total privado avanzó un 0,7% mensual en marzo, pero cayó un 2,6% interanual, acumulando una baja del 2,2% en el primer trimestre en comparación con el mismo período del año anterior. A su vez, el índice de consumo de la Cámara Argentina de Comercio también mostró un retroceso del 0,5% mensual y del 1,3% interanual. Esta disparidad en los datos sugiere que, aunque algunos sectores como el turismo y los bienes durables están mostrando mejor desempeño, el consumo cotidiano sigue siendo débil y vulnerable.
Uno de los factores que más impacta en el consumo es la caída del ingreso disponible. Los salarios registrados han experimentado una disminución real del 4,33% entre septiembre y febrero, y desde la asunción de Javier Milei, la pérdida se eleva al 8,87%, afectando especialmente a los trabajadores del sector público. Además, el crédito, que había mostrado un crecimiento en los últimos años, ha comenzado a perder impulso, lo que limita aún más la capacidad de los hogares para financiar sus gastos. La morosidad también es un tema preocupante, alcanzando un 11,2% en febrero, el nivel más alto en más de dos décadas, lo que indica que las familias están cada vez más presionadas financieramente.
De cara al futuro, es crucial observar cómo evolucionan estos patrones de consumo y si las tendencias de gasto se estabilizan o continúan deteriorándose. La relación entre el aumento de tarifas y la retracción del consumo masivo será un indicador clave a seguir. Además, la capacidad de los hogares para adaptarse a esta nueva realidad económica, así como la respuesta del sistema financiero ante el aumento de la morosidad, serán determinantes en la recuperación del consumo. Los próximos meses serán críticos para evaluar si el leve repunte observado se traduce en una tendencia sostenida o si, por el contrario, se trata de un fenómeno temporal.
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