En Argentina, el número de jubilados que continúan trabajando ha alcanzado cifras significativas, superando los 450 mil. Según datos de la Seguridad Social, a diciembre de 2025, se registraron 453.186 jubilados que trabajan en blanco, lo que representa un aumento del 65% en la última década y un 23% en solo dos años. De este total, la mayoría, 229.833, están inscriptos como monotributistas, lo que indica una tendencia hacia la facturación individual como modalidad laboral predominante entre los adultos mayores.

Este fenómeno se ha intensificado en un contexto donde el empleo registrado en la población general muestra señales de retroceso. Mientras que el trabajo formal se ha visto afectado, el crecimiento de jubilados que optan por seguir activos laboralmente puede ser interpretado como una respuesta a la insuficiencia de los ingresos jubilatorios. En comparación, en 2015 había 122.356 jubilados trabajando bajo la modalidad de monotributo, lo que refleja un incremento del 88% en este segmento en los últimos diez años.

El aumento del trabajo entre jubilados se explica por dos factores principales: el reemplazo de empleos formales por trabajos bajo la figura del monotributo y la necesidad de muchos profesionales de continuar activos tras su jubilación. Sin embargo, es importante señalar que, a pesar del crecimiento en el número de jubilados que trabajan en blanco, la informalidad sigue siendo un problema significativo, con más de 600.000 jubilados que se desempeñan sin aportes al sistema.

Este contexto laboral plantea implicancias importantes para el sistema previsional argentino. La normativa actual permite que los jubilados trabajen hasta los 70 años, y aquellos que se reincorporan a su antiguo empleador inician una nueva relación laboral, lo que puede afectar su antigüedad y derechos laborales. Además, los ingresos de muchos jubilados continúan por debajo del costo de vida, lo que los obliga a buscar empleo, a menudo en condiciones precarias y de baja calificación, lo que puede impactar negativamente en su salud y bienestar.

A futuro, es crucial monitorear cómo estas tendencias afectan la economía argentina en su conjunto. La creciente necesidad de los jubilados de trabajar podría influir en el consumo y la demanda de servicios, así como en la percepción de la seguridad social. Además, la situación de los jubilados en sectores de menores recursos, donde la tasa de actividad es más alta, podría requerir atención gubernamental para garantizar condiciones laborales dignas y sostenibles. Las próximas reformas en el sistema previsional y el impacto de la inflación en los haberes jubilatorios serán factores clave a observar en los próximos meses.