La emblemática empresa láctea SanCor ha sido declarada en quiebra por la Justicia de Santa Fe, tras un pedido realizado por su propia cúpula directiva. El juez Marcelo Gelcich, a cargo del caso, ha decidido que la compañía mantenga parte de su estructura operativa para evitar un perjuicio a 914 empleados, mientras que los activos de la unión de cooperativas entrarán en fase de venta. SanCor, que enfrenta una deuda de aproximadamente 120 millones de dólares y ha dejado de pagar sueldos durante ocho meses, tiene 2.702 acreedores que demandan pagos.

La situación de SanCor no es nueva; la empresa ha estado lidiando con problemas financieros desde hace varios años. En el último concurso preventivo, que comenzó en febrero de 2025, la compañía acumuló una deuda adicional cercana a los 6.349 millones de pesos argentinos. Entre los acreedores, el 71% de los reclamos corresponde a deudas laborales, lo que refleja la gravedad de la situación para sus empleados. Además, la firma ha enfrentado más de 300 pedidos de quiebra en su contra, lo que evidencia un contexto de crisis prolongada.

La quiebra de SanCor también ha puesto de manifiesto la falta de confianza en la gestión de la empresa, ya que dos expresidentes han sido procesados por la presunta apropiación indebida de fondos que debían destinarse a los aportes de los trabajadores. Este escándalo ha generado un clima de desconfianza tanto en el sector lácteo como en el ámbito empresarial en general, lo que podría tener repercusiones en la inversión en la industria. La decisión del juez incluye la continuidad transitoria de las operaciones de las plantas que mantengan actividad productiva, pero esto dependerá de la venta de los activos.

Para los inversores, la quiebra de SanCor representa un riesgo significativo, especialmente para aquellos que tienen exposición a la industria láctea en Argentina. La falta de pagos a los acreedores y la acumulación de deudas laborales podrían afectar la percepción del riesgo en el sector. Además, la situación de SanCor podría influir en otras empresas del rubro, generando un efecto dominó que podría afectar la estabilidad financiera de la industria láctea en el país. La incertidumbre sobre el futuro de la empresa y su capacidad para reestructurarse plantea interrogantes sobre la viabilidad de otras cooperativas en situaciones similares.

A futuro, será crucial monitorear cómo se desarrollan las negociaciones para la venta de los activos de SanCor y qué decisiones se toman respecto a la continuidad de las operaciones de las plantas. En los próximos cinco días, la sindicatura deberá definir qué unidades productivas seguirán operando, lo que podría dar una idea más clara sobre el futuro de la empresa. Además, la situación laboral de los empleados y el cumplimiento de las obligaciones salariales serán aspectos a seguir de cerca, ya que cualquier incumplimiento podría agravar aún más la crisis en la que se encuentra la compañía.