La inflación en Argentina durante marzo alcanzó un 3,4%, lo que representa un incremento significativo en comparación con el 3,1% registrado en febrero. Este aumento no solo refleja la persistencia de la inflación en el país, sino que también indica que se ha encontrado un nuevo piso más alto que el observado en el segundo semestre de 2025. A pesar de los esfuerzos del Gobierno por atribuir este fenómeno a factores externos como la guerra en Medio Oriente y la volatilidad política previa a las elecciones de medio término, los informes de consultoras privadas sugieren que hay una reaparición de la inercia inflacionaria que complica el objetivo de reducir el índice de precios al consumidor (IPC) a niveles más manejables.

La inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales pero incluye carnes y otros alimentos, se situó en 3,2% en marzo. Este dato es preocupante, ya que se encuentra muy por encima de los mínimos alcanzados a mitad de 2025. Un análisis más profundo revela que la carne, un componente clave en la canasta de consumo, tuvo un aumento cercano al 7% en marzo, contribuyendo de manera significativa tanto al IPC general como a la inflación núcleo. Esto pone de manifiesto que, a pesar de las medidas del Gobierno, la presión inflacionaria sigue siendo fuerte y se manifiesta en diversos sectores de la economía.

Consultoras como GMA Capital y Fundación Capital han realizado mediciones alternativas que excluyen la carne, encontrando que la inflación núcleo se ubica en torno al 2,5% en marzo. Esta cifra, aunque inferior a la oficial, sigue siendo elevada y muestra una tendencia ascendente. Además, la presión inflacionaria no proviene únicamente de los bienes, sino también de los servicios, que han registrado un aumento del 4,15% en marzo. Este incremento en los servicios, que incluye tarifas de transporte, educación y telecomunicaciones, indica una inflación más inercial y difícil de controlar.

El contexto actual es complicado para el Gobierno, que espera que la desaceleración de la inflación se materialice en los próximos meses. A pesar de las proyecciones de algunas consultoras que anticipan una baja en abril, con estimaciones que oscilan entre el 2,5% y el 2,7%, el consenso es que esta desaceleración será parcial. Los combustibles seguirán teniendo un efecto arrastre, y se prevén ajustes en tarifas de transporte y servicios de salud, lo que podría mantener la inflación núcleo en niveles altos.

A medida que se avanza en 2026, es crucial observar cómo se desarrollan las políticas monetarias del Banco Central de la República Argentina (BCRA). La estrategia del BCRA se centra en evitar efectos de segunda ronda sobre el IPC, y se ha evidenciado en la absorción de pesos, con una caída del 13,6% en términos reales de la base monetaria. Sin embargo, la efectividad de estas medidas dependerá de la capacidad del Gobierno para controlar la inflación en un contexto donde los precios de los alimentos y servicios siguen presionando al alza. Las próximas semanas serán clave para evaluar si las proyecciones de desaceleración se cumplen y cómo esto impactará en la economía argentina en su conjunto.