El equipo económico argentino, liderado por Luis Caputo, se encuentra en negociaciones en Washington para cerrar un préstamo con el Banco Mundial por u$s4.000 millones. Este préstamo funcionaría como garantía para una emisión de deuda mucho mayor, que podría alcanzar entre u$s8.000 millones y u$s10.000 millones. Esta información ha circulado durante la reunión del Fondo Monetario Internacional, donde funcionarios confirmaron que el objetivo es reducir el costo del financiamiento al asumir parte del riesgo crediticio el Banco Mundial, una entidad con calificación AAA.

La operación debe ser aprobada por el directorio del Banco Mundial, y si se concreta, marcaría el regreso de Argentina al mercado voluntario de deuda, algo que no ha ocurrido en años. Actualmente, el Tesoro argentino enfrenta vencimientos por u$s9.000 millones para el resto del año, pero el verdadero desafío se presenta en 2024, con una cuenta a saldar que ascenderá a u$s27.000 millones. Sin acceso al mercado de capitales, el Gobierno ha tenido que recurrir a recortes de gasto que han comenzado a mostrar signos de tensión, como lo evidencian los conflictos con proveedores del PAMI.

Caputo ha convertido la emisión de deuda en una cuestión estratégica, especialmente después de un intento fallido que resultó en la renuncia de Alejandro Lew de la Secretaría de Finanzas. Federico Furiase ha asumido el cargo con la misión de conseguir que el Presidente autorice el acceso a fondos, pero a un costo menor. La estrategia actual implica una ingeniería financiera en dos niveles, donde se tomarían u$s4.000 millones con garantía del Banco Mundial a una tasa del 4%, mientras que los u$s6.000 millones restantes se captarían directamente del mercado a una tasa del 9%, resultando en una tasa promedio ponderada del 7%.

Este esquema permite a Argentina sortear la desconfianza de Wall Street sin tener que acumular credibilidad propia, inyectando en su lugar la credibilidad del Banco Mundial. Un párrafo del acuerdo con el FMI ya anticipaba esta estrategia, mencionando "préstamos externos, potencialmente respaldados por instituciones financieras internacionales" como parte de un plan integral de refinanciamiento. La iniciativa ha sido trabajada por semanas, con la colaboración de un banco suizo en el armado de la operación.

Si las negociaciones resultan exitosas, el Gobierno argentino podría celebrar un logro simbólico al volver al mercado voluntario de deuda, una meta que ha sido esquiva en los últimos años. Sin embargo, este objetivo se alcanzaría no por la acumulación de credibilidad, sino pidiendo prestada la del Banco Mundial. A pesar de los beneficios que podría traer esta emisión, como la posibilidad de ejecutar el presupuesto de manera menos drástica, el escepticismo de Wall Street sigue presente, lo que podría complicar aún más la situación financiera del país en un contexto internacional que se torna cada vez más incierto, especialmente con la crisis económica que se avecina tras la guerra en Medio Oriente.