- China ha incrementado la quema de carbón a niveles récord, inaugurando nuevas centrales térmicas.
- Las industrias de energía limpia representan el 11% del PIB y contribuyen a un tercio del crecimiento anual.
- En 2025, China puso en marcha 78 gigavatios de nuevas centrales térmicas de carbón, más que India en toda la década anterior.
- Las nuevas centrales de carbón compiten con instalaciones más antiguas y muchas operan por debajo del 50% de su capacidad.
- La modernización de la red eléctrica es un proyecto clave que podría acelerar la transición hacia energías más limpias.
La transición energética en China presenta un panorama contradictorio. Aunque el país ha incrementado la quema de carbón a niveles récord y ha inaugurado nuevas centrales térmicas, también está invirtiendo fuertemente en energías renovables como la solar y la eólica. Este fenómeno se refleja en el hecho de que las industrias verdes, que incluyen la producción de paneles solares y vehículos eléctricos, representan cerca del 30% del crecimiento del PIB chino. Sin embargo, el plan de Pekín para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 10% para 2035 se percibe como poco ambicioso, especialmente en comparación con los objetivos de otros países que buscan alcanzar la neutralidad de carbono antes de 2050.
A lo largo de las últimas décadas, dos fuerzas han impulsado a China hacia una economía más eléctrica. La primera es la necesidad de autosuficiencia, tanto en la producción de bienes como en la forma en que se fabrican y consumen. Esto ha llevado a un aumento en la electrificación del parque automovilístico, con más de la mitad de los coches nuevos vendidos en el país funcionando con baterías. La segunda fuerza es el reconocimiento de que el crecimiento económico impulsado por combustibles fósiles ha tenido un costo ambiental insostenible, lo que ha llevado al gobierno a priorizar el desarrollo verde. Actualmente, las industrias de energía limpia representan el 11% del PIB y contribuyen a un tercio del crecimiento anual.
Sin embargo, el crecimiento de la demanda de energía ha superado las expectativas, lo que ha llevado a que la capacidad de energía renovable instalada no sea suficiente para satisfacer las necesidades globales. En 2025, China puso en marcha 78 gigavatios de nuevas centrales térmicas de carbón, más que lo que India construyó en toda la década anterior. Esto se debe en parte a la cautela del gobierno tras las escaseces energéticas de 2021 y 2022, así como a la abundancia de reservas de carbón en el país, que lo convierte en una opción económica para la producción de energía.
A pesar de la aparente contradicción, el carbón no está tan arraigado en la economía china como podría parecer. Las nuevas centrales térmicas están diseñadas para competir con las instalaciones más antiguas y menos eficientes, y su construcción a menudo se realiza en conjunto con proyectos de energía renovable para garantizar un suministro constante. Sin embargo, muchas de estas centrales operan por debajo del 50% de su capacidad, lo que plantea dudas sobre su viabilidad económica a largo plazo. Además, el gobierno está trabajando en la modernización de la red eléctrica, un proyecto que podría acelerar la transición hacia fuentes de energía más limpias.
En términos de implicancias para los inversores, la transición energética de China podría tener un impacto significativo en el mercado de materias primas, especialmente en el carbón y las energías renovables. La creciente inversión en tecnologías limpias podría abrir oportunidades para empresas que se especializan en energías renovables y almacenamiento de energía. A medida que China avance hacia sus objetivos de descarbonización, se espera que la demanda de carbón disminuya, lo que podría afectar a los precios globales de este recurso. Los analistas sugieren que el país podría alcanzar su pico de emisiones de carbono antes de su objetivo de 2030, lo que podría tener repercusiones en el mercado energético global.
A futuro, es crucial monitorear cómo se desarrollan las políticas energéticas en China, especialmente con la implementación del 15º Plan Quinquenal, que incluye la modernización de la red eléctrica. La capacidad de Pekín para reformar su sistema energético y adaptarse a las nuevas demandas del mercado será determinante para el éxito de su transición energética. La evolución de la infraestructura de energía renovable y el impacto de las nuevas regulaciones sobre el carbón serán factores clave a seguir en los próximos años.
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