El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de febrero en Uruguay registró un aumento del 0,35%, un dato levemente inferior a lo que se esperaba. A pesar de esta cifra, el Centro de Investigaciones Económicas (Cinve) advierte que la tendencia a la baja de la inflación podría estar llegando a su fin. La inflación interanual se situó en 3,1%, lo que representa una disminución significativa desde el 9% alcanzado en 2022, pero las proyecciones para marzo sugieren un incremento a 0,65%, lo que podría elevar la inflación interanual a 3,6%. Este cambio de dirección es crucial, ya que indica que la trayectoria descendente de la inflación podría estar en riesgo de revertirse.

Cinve ha identificado dos factores que podrían estar influyendo en este cambio de tendencia. En primer lugar, la baja de la Tasa de Política Monetaria (TPM) por parte del Banco Central del Uruguay (BCU), que ha sido parte del proceso de desinflación. En segundo lugar, los acontecimientos internacionales, especialmente el aumento en los precios del petróleo debido a conflictos en Medio Oriente, están ejerciendo presión sobre los precios de los combustibles y otros bienes transables. Este contexto internacional, sumado a la política monetaria local, podría estar generando un entorno inflacionario más complejo.

La dinámica de precios en Uruguay muestra una tensión interna que es importante analizar. Los bienes y servicios transables, que incluyen alimentos, productos manufacturados y combustibles, tienen una inflación interanual de 1,5%, lo que los mantiene por debajo del rango meta del BCU y actúa como un ancla para el IPC. Sin embargo, los bienes y servicios no transables, como frutas, verduras y servicios administrados, presentan una inflación interanual de 5,9%, claramente por encima del objetivo del BCU. Esta disparidad sugiere que, si bien algunos sectores están controlando la inflación, otros la están impulsando hacia arriba, lo que podría complicar la situación económica en el corto plazo.

Las proyecciones de Cinve indican que la inflación total podría converger lentamente hacia la meta del BCU, con una expectativa de 4,0% interanual para diciembre de 2026. Sin embargo, este escenario se ve amenazado por el reciente anuncio del gobierno de un aumento del 7% en los combustibles, que entrará en vigor el 1° de abril. Este ajuste no estaba contemplado en las proyecciones iniciales de Cinve, lo que sugiere que la realidad de abril podría ser más inflacionaria de lo anticipado. El impacto de este aumento se sentirá en los costos de transporte y producción, lo que podría trasladarse a los precios de otros bienes y servicios.

Finalmente, es importante destacar que las proyecciones de Cinve dependen de un supuesto crítico: el comportamiento del tipo de cambio. Si el dólar se aprecia de manera sostenida, como ocurrió en marzo con un incremento del 6%, la trayectoria inflacionaria podría ser más pronunciada de lo esperado. Este tipo de shock podría acelerar el aumento de los precios de los bienes transables, acercando la inflación al rango meta del BCU antes de lo previsto. Por lo tanto, los inversores deben estar atentos a la evolución del tipo de cambio y su posible impacto en la inflación y en la economía uruguaya en general.