El Banco Central del Uruguay (BCU) ha revisado a la baja sus proyecciones de crecimiento económico para 2026, situándolas en un modesto 1,8%. Esta corrección se debe a una combinación de factores, incluyendo una caída significativa en la inversión en infraestructura y problemas en la zafra agrícola. En su Informe de Política Monetaria (IPOM) del primer trimestre de 2026, el BCU admitió que la economía creció 1,8 puntos porcentuales menos de lo que sus modelos habían anticipado hace dos años, lo que refleja un deterioro en las expectativas económicas.

El informe destaca que el crecimiento del PIB en 2025 fue impulsado principalmente por el consumo privado, que creció un 2,1% en promedio durante el año. Sin embargo, este crecimiento se vio contrarrestado por una inversión que cayó un 0,9% en el cuarto trimestre y acumuló solo un 0,3% de crecimiento en el año. La debilidad en la inversión se atribuye a la menor ejecución de obras en sectores clave como vialidad, energía y telecomunicaciones, lo que ha dejado un impacto negativo en las proyecciones para el año en curso.

En cuanto a la política monetaria, el BCU decidió mantener la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 5,75% tras un ciclo de recortes que comenzó a principios de 2026. Este cambio de rumbo se produjo en un contexto de tensiones geopolíticas, especialmente el conflicto en Medio Oriente, que ha generado presiones inflacionarias a través del aumento en los precios del petróleo y ha endurecido las condiciones financieras globales. A pesar de la pausa en los recortes, el BCU mantiene un sesgo expansivo en su política monetaria, buscando estimular el crédito y la actividad económica.

El mercado laboral también ha mostrado señales mixtas, con una tasa de empleo que cerró en 60% de la población en edad de trabajar. Aunque la creación de puestos de trabajo fue positiva en el primer semestre de 2025, el segundo semestre presentó una pérdida neta de empleo. La tasa de desempleo se situó en 7% al cierre del año, con indicios de una leve mejora en los primeros meses de 2026. Estos datos sugieren que, a pesar de un crecimiento moderado, la economía uruguaya enfrenta desafíos significativos en su recuperación.

Mirando hacia el futuro, los inversores deben estar atentos a las próximas decisiones del BCU y su impacto en el entorno económico. La política monetaria seguirá siendo un factor clave, especialmente en un contexto donde la inflación se ha mantenido por debajo del rango de tolerancia. Además, la evolución de la inversión en infraestructura y el desempeño de la zafra agrícola serán cruciales para determinar el crecimiento económico en 2026. La incertidumbre global, particularmente relacionada con el conflicto en Medio Oriente, también podría influir en las proyecciones económicas de Uruguay y su interacción con los mercados regionales, incluyendo Argentina.