El reciente descenso del dólar en Uruguay, que ha tocado un mínimo de 37,4 pesos, ha generado preocupaciones significativas en el sector productivo del país. Desde la victoria de Yamandú Orsi en las elecciones presidenciales de noviembre de 2024, el dólar ha experimentado una caída del 15% en términos nominales, lo que ha llevado al Banco Central del Uruguay (BCU) a implementar medidas para evitar un descenso mayor. Sin embargo, la cotización actual, por debajo de los 40 pesos, continúa afectando a sectores que operan con ingresos en dólares pero costos en pesos, como el agro y el turismo, que son fundamentales para la economía uruguaya.

La caída del dólar se produce en un contexto de inflación persistente, lo que ha comprimido los márgenes de rentabilidad en varios sectores. La economista María José Medín del Observatorio Económico de la Universidad Católica del Uruguay señala que el problema no es solo el tipo de cambio, sino que hay un desafío estructural de competitividad y productividad que afecta a la economía. Aunque el dólar débil ha elevado los costos en dólares, la raíz del problema radica en la necesidad de mejorar la competitividad a través de la reducción de costos y la simplificación de trámites.

Por su parte, Nicolás Vidal, economista del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), advierte que el impacto del dólar bajo es más agudo en el corto plazo, especialmente para los exportadores que enfrentan costos en pesos. En el sector turístico, los costos han aumentado un 10% en términos reales desde los niveles prepandémicos, mientras que los ingresos han caído cerca de un 15%. Esto plantea un dilema para la rentabilidad y la competitividad, ya que la presión sobre los márgenes puede dificultar la reducción de precios necesarios para atraer más turistas.

El panorama se complica aún más con la carga impositiva elevada y la incertidumbre sobre futuros cambios en el sistema impositivo y previsional. Vidal destaca que la discusión interna sobre impuestos y las reformas previsionales propuestas generan un ambiente de desconfianza que puede frenar la inversión. En este sentido, la competitividad de Uruguay se ve comprometida no solo por el tipo de cambio, sino también por un marco regulatorio que se considera caro en comparación con sus vecinos, especialmente Argentina y Brasil.

A futuro, la evolución del tipo de cambio dependerá en gran medida de factores externos, como la situación geopolítica y la dinámica del dólar a nivel internacional. La guerra en Medio Oriente ha llevado a un fortalecimiento del dólar en el mercado global, lo que podría ofrecer un respiro a los exportadores uruguayos si se consolida. Sin embargo, los problemas estructurales de costos y la carga impositiva seguirán siendo desafíos persistentes que el gobierno deberá abordar para mejorar la competitividad del país en el largo plazo.