El reciente aumento del precio del petróleo en el mercado internacional, con el barril de Brent acercándose a los 100 dólares, ha generado una creciente presión sobre la política de precios de Petrobras. Según la Asociación Brasileña de Importadores de Combustibles (Abicom), el precio del diesel en las refinarias de Petrobras se encuentra un 72% por debajo de las cotizaciones internacionales, lo que implica que la estatal debería aumentar el precio en R$ 2,34 por litro para alinearse con el mercado global. Este ajuste es particularmente relevante dado que el diesel no ha tenido un reajuste en 312 días.

Además, la gasolina también presenta una defasaje significativa, con un 43% por debajo de la paridad internacional, lo que equivaldría a un aumento de R$ 1,10 por litro. La situación se complica aún más debido a las tensiones geopolíticas en el Medio Oriente, que han cerrado las ventanas de importación de combustibles, haciendo que importar diesel no sea económicamente viable desde hace 59 días. Esta dependencia del diesel importado, que representa entre el 20% y el 30% del consumo nacional, plantea serias preocupaciones sobre el abastecimiento.

El gobierno brasileño ha tomado medidas para mitigar el impacto de la subida de precios, como la eliminación temporal de impuestos sobre la importación y comercialización del diesel. Sin embargo, la implementación de una nueva alícuota de exportación sobre el petróleo crudo podría generar un efecto negativo para Petrobras, complicando aún más su situación financiera. A pesar de la elevada defasaje, el mercado no espera que Petrobras traslade completamente la volatilidad externa a los consumidores, lo que podría generar tensiones adicionales en el sector.

En el contexto internacional, el precio del petróleo ha mostrado volatilidad, con una ligera caída en los contratos futuros tras declaraciones del presidente de Estados Unidos que sugieren una posible reducción de tensiones en la región. Sin embargo, el clima geopolítico sigue siendo tenso, especialmente con la reciente asunción del nuevo líder supremo de Irán, quien ha manifestado intenciones de mantener cerrado el Estrecho de Ormuz, una ruta crucial para el transporte de petróleo. Esto sugiere que la presión sobre los precios de los combustibles en Brasil podría continuar en el corto plazo.