El oro ha experimentado una caída significativa, rompiendo el soporte clave de los u$s4.000 por onza, un nivel que no se había visto desde noviembre de 2025. Desde su máximo histórico de u$s5.417,21 alcanzado a finales de enero, el metal precioso ha perdido más del 25%, cotizando actualmente en torno a los u$s3.999,99. Esta corrección ha llevado a importantes entidades financieras como ING, Goldman Sachs y Deutsche Bank a revisar a la baja sus proyecciones para el oro, reflejando un cambio en la dinámica del mercado impulsada por la fortaleza del dólar y la política de tasas de interés de la Reserva Federal (Fed).

La reciente caída del oro se enmarca en un contexto donde los inversores han comenzado a reajustar sus expectativas sobre las tasas de interés en Estados Unidos. La Fed ha mantenido una política monetaria restrictiva, lo que ha llevado a un aumento en los rendimientos de los bonos del Tesoro y ha fortalecido al dólar. Estos factores suelen disminuir el atractivo del oro, ya que incrementan el costo de oportunidad de mantener un activo que no genera rendimiento. Ewa Manthey, estratega de commodities de ING, ha señalado que la corrección del oro ha sido difícil de ignorar, y que la menor demanda de los inversores ha contribuido a esta tendencia.

A pesar de la caída, ING mantiene una visión a largo plazo sobre el oro, indicando que los factores estructurales que respaldan su valor siguen presentes. Sin embargo, han ajustado sus previsiones para el tercer trimestre de 2026 de u$s4.850 a u$s4.300 por onza, y para el cuarto trimestre de u$s5.000 a u$s4.600. Este ajuste refleja una reevaluación de las expectativas sobre las tasas de interés, donde los mercados han retrasado las previsiones de flexibilización monetaria, lo que ha impactado negativamente en la cotización del oro.

La menor participación de los inversores en el mercado también ha sido un factor determinante en la caída del oro. Las tenencias globales de ETFs respaldados por oro se encuentran aproximadamente un 1,5% por debajo de los niveles con los que comenzaron el año, tras una ola de toma de ganancias que ha revertido parte de las entradas registradas durante el rally inicial. Este cambio en la dinámica del mercado ha llevado a analistas como Michael Hsueh de Deutsche Bank a concluir que la relación entre el oro y los precios de la energía ha perdido relevancia, siendo la política de la Fed el principal motor detrás de la corrección del metal.

De cara al futuro, los inversores deberán estar atentos a las decisiones de la Reserva Federal y a la evolución de los rendimientos de los bonos del Tesoro, ya que estos factores seguirán influyendo en la cotización del oro. La próxima reunión de la Fed, programada para el mes de septiembre, será un evento clave que podría definir la dirección del metal precioso en el corto plazo. Además, las tensiones geopolíticas y la demanda de los bancos centrales seguirán siendo variables a considerar, aunque hasta ahora no han generado los flujos de refugio observados en episodios anteriores de incertidumbre.