- El superávit primario de mayo fue de $1,92 billones, pero muestra señales de desgaste.
- La recaudación total creció nominalmente, pero cayó un 4,1% real interanual al descontar Ganancias.
- El gasto primario cayó un 2,2% en términos reales, con recortes significativos en subsidios y obra pública.
- El Gobierno necesita sumar $9,28 billones en la segunda mitad del año para cumplir con la meta del FMI.
- Una reforma fiscal podría incrementar la carga tributaria sobre sectores medios y bajos, generando tensiones políticas.
El Gobierno argentino logró mantener un superávit primario de $1,92 billones en mayo, aunque este resultado comienza a mostrar señales de desgaste. A pesar de que el acumulado de los primeros cinco meses del año alcanzó $6,98 billones, lo que representa aproximadamente el 0,7% del Producto Bruto Interno (PBI), la caída en la recaudación ha comenzado a erosionar el resultado fiscal. En este contexto, la administración de Javier Milei enfrenta el desafío de cumplir con la exigente meta de superávit primario acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que establece un objetivo de $16,26 billones para 2026. Esto significa que el Gobierno ha alcanzado apenas el 43% de su meta anual y necesita sumar otros $9,28 billones en la segunda mitad del año.
La recaudación total en mayo mostró un crecimiento nominal, pero al descontar el ingreso extraordinario por el impuesto a las Ganancias, se observó una caída real del 4,1% interanual, marcando la décima disminución consecutiva. Sin este ingreso extraordinario, el panorama fiscal sería aún más complicado. Sebastián Menescaldi, director asociado de Eco Go, enfatiza que la recuperación de la actividad económica será crucial para sostener el equilibrio de las cuentas públicas. Si la actividad económica no se recupera, la recaudación seguirá mostrando caídas significativas, lo que limitará aún más el margen de ajuste del Gobierno.
El gasto primario en mayo cayó un 2,2% en términos reales, pero esta reducción fue menor que la disminución en los ingresos. Los recortes más significativos se concentraron en subsidios energéticos, que cayeron un 18,5% real interanual, y subsidios al transporte, que disminuyeron un 21,7%. Además, las transferencias discrecionales a provincias y la obra pública también sufrieron recortes importantes, del 24% y 27,8% respectivamente. Sin embargo, estas medidas de ajuste se están volviendo cada vez más difíciles de implementar, ya que el margen para seguir recortando gastos se ha reducido considerablemente.
Los economistas advierten que el Gobierno se enfrenta a una etapa más compleja en su esquema fiscal. Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, señala que aunque la administración muestra voluntad de contención fiscal, el ajuste debe ser más selectivo. Las partidas donde aún hay margen para reducir gastos son las más sensibles desde el punto de vista político y social, lo que podría generar tensiones en la gobernabilidad. Además, una reducción adicional de subsidios podría afectar a sectores productivos que están mostrando una recuperación parcial, como la construcción y la industria.
El cumplimiento de la meta fiscal anual se ha vuelto un tema crítico, y un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) ha encendido alarmas al comparar el desempeño actual con el de 2025. Si el Gobierno no incrementa significativamente su esfuerzo fiscal en la segunda mitad del año, podría enfrentar un incumplimiento de las metas acordadas con el FMI. La consultora Equilibra también coincide en que mantener el superávit exclusivamente a través de recortes se está volviendo cada vez más difícil. La venta de activos como Transener podría aportar ingresos extraordinarios a corto plazo, pero la clave será una recuperación genuina de la recaudación.
En este contexto, el Gobierno está considerando una reforma fiscal que podría incrementar la carga tributaria sobre sectores medios y bajos, lo que generaría un debate político significativo. La administración de Milei necesita encontrar un equilibrio entre ajustar el gasto y aumentar los ingresos para evitar que el equilibrio fiscal se convierta en un objetivo cada vez más difícil de alcanzar. La actividad económica debe recuperarse para que el Gobierno pueda sostener el superávit fiscal, que sigue siendo uno de los pilares del programa acordado con el FMI y un activo clave para la administración actual.
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