La morosidad bancaria en Argentina ha alcanzado un alarmante 12,1% en abril de 2026, marcando un nuevo récord en más de dos décadas. Este índice, que se triplicó en solo un año, refleja la peor crisis de impagos desde 2004, según el último informe del Banco Central de la República Argentina (BCRA). En marzo, el índice de mora había sido del 11,6%, lo que indica un aumento significativo en el número de familias que enfrentan dificultades para cumplir con sus obligaciones crediticias.

El impacto de esta situación es profundo, ya que se estima que más de 5,3 millones de argentinos tienen algún crédito en situación irregular, lo que excluye a un gran número de personas del sistema financiero. El informe del BCRA también reveló que el porcentaje de financiamiento al sector privado en situación de atraso llegó al 7,3% en abril, un incremento de 0,3 puntos porcentuales respecto a marzo. Comparando con el año anterior, el aumento es aún más dramático, con un incremento de 5,1 puntos desde abril de 2025.

La morosidad ha afectado a todos los tipos de entidades financieras, pero las familias han sido las más golpeadas. En los préstamos otorgados a hogares, el índice de morosidad subió 0,5 puntos en un mes y 8,3 puntos en comparación con el mismo mes del año anterior. Este aumento constante ha sido evidente durante dieciocho meses consecutivos, lo que indica una tendencia preocupante en la capacidad de pago de los argentinos. En octubre de 2024, la morosidad era de apenas 2,5%, lo que significa que en un año y medio, este valor se multiplicó casi por cinco.

La situación es crítica, especialmente para los préstamos personales, que registraron una morosidad del 14,9%, un aumento de 0,5 puntos respecto al mes anterior. Las tarjetas de crédito también han visto un aumento en la morosidad, alcanzando el 12,5%. Esto sugiere que la capacidad de los consumidores para manejar sus deudas se está deteriorando rápidamente. La proporción de familias con deudas impagas en entidades no financieras también ha subido, alcanzando el 31,5% en abril, lo que indica que el fenómeno de la morosidad no se limita solo a las entidades bancarias.

Las implicancias para el sector financiero y la economía en general son significativas. La elevada morosidad puede limitar la expansión del crédito a las familias en el futuro inmediato, lo que a su vez puede afectar el consumo y la actividad económica. Con un 26,7% de las personas con algún tipo de financiamiento presentando al menos un préstamo en situación irregular, es poco probable que el crédito a las familias se convierta en un motor relevante de la actividad económica hasta las elecciones del próximo año. Esto contrasta con el segundo semestre de 2024 y el primer semestre de 2025, cuando el crédito fue un impulsor clave del consumo.

En respuesta a esta crisis, el Banco Nación ha lanzado una nueva línea de préstamos personales para la unificación de deudas, dirigida a clientes con cuotas vencidas. Esta herramienta busca evitar que más personas caigan en mora y preservar su historial crediticio. La propuesta permite consolidar múltiples deudas en una sola cuota mensual, con condiciones más accesibles, lo que podría ofrecer un alivio temporal a los afectados. Sin embargo, la efectividad de estas medidas dependerá de la evolución de la situación económica y de la capacidad de los consumidores para recuperarse financieramente en los próximos meses.