El Banco Central de la República Argentina (BCRA) ha confirmado un nuevo récord de morosidad en el sector familiar, alcanzando un preocupante 12,1% en abril. Este dato refleja un aumento significativo tanto mensual como interanual, con los préstamos personales mostrando una morosidad que se acerca al 15% (14,9%) y las tarjetas de crédito alcanzando un 12,5%. A nivel agregado, la morosidad del crédito al sector privado se sitúa en 7,3%, lo que representa un incremento de 0,3 puntos porcentuales respecto a marzo y un alarmante aumento de 5,1 puntos en comparación con abril del año anterior.

La situación de morosidad en las familias es particularmente crítica, con un crecimiento mensual de 0,5 puntos y un incremento interanual de 8,4 puntos. Este deterioro se observa más acentuadamente en las líneas de crédito más vulnerables, como las tarjetas de crédito y los préstamos personales. En contraste, los créditos prendarios e hipotecarios, aunque también muestran un aumento, presentan porcentajes de morosidad más bajos. Este contexto de creciente morosidad se ve exacerbado por las altas tasas de interés, que se mantienen elevadas en términos reales, lo que dificulta la recuperación de los préstamos.

Desde la consultora 1816, se señala que la Tasa Nominal Anual (TNA) promedio de los préstamos personales bancarios fue de 66,9% en los primeros 17 días de mayo, una leve disminución respecto al 68,8% registrado en enero. Sin embargo, la tasa de REPO ha caído de 39,3% a 20,3% en el mismo periodo, lo que podría indicar un intento del BCRA por aliviar la presión sobre el crédito. A pesar de esta desaceleración en el ritmo de aumento del ratio de irregularidad, el 26,7% de los deudores en el sistema financiero se encuentra en situación irregular, lo que sugiere que el crédito a familias no será un motor significativo de la actividad económica en el corto plazo.

La morosidad en entidades no financieras, que representan el 17% de los préstamos totales al sector privado, es aún más alarmante, con un salto del 30,7% al 31,5%. Este dato sugiere que la situación económica de muchas familias se ha deteriorado, lo que podría llevar a una menor capacidad de consumo y, por ende, a un impacto negativo en la economía en general. La combinación de alta morosidad y tasas de interés elevadas podría resultar en una contracción del crédito, afectando la recuperación económica esperada para el próximo año.

Mirando hacia el futuro, es crucial monitorear la evolución de la morosidad y las tasas de interés en los próximos meses, especialmente con las elecciones programadas para el año próximo. La capacidad de las familias para acceder a crédito y cumplir con sus obligaciones será un indicador clave de la salud económica del país. La situación actual sugiere que, a menos que se implementen medidas efectivas para mejorar la solvencia de los deudores, el crédito podría seguir siendo un factor limitante para el crecimiento económico en el corto y mediano plazo.