Miles de trabajadores de toda Europa se reunieron en Madrid, convocados por la Confederación Europea de Sindicatos (CES), para protestar contra las políticas laborales regresivas en la Unión Europea. La concentración, que tuvo lugar en el Palacio de Vistalegre, reunió a aproximadamente 10,500 personas, según los organizadores, y destacó la creciente preocupación por la desregulación laboral, el rearme militar y el racismo institucional. La CES, que representa a unos 45 millones de trabajadores en el continente, eligió España como un ejemplo de políticas laborales que promueven la justicia social, en contraposición a las tendencias que se observan en otros países europeos.

La secretaria general de la CES, Esther Lynch, enfatizó que España ha logrado avances significativos en la reducción de la temporalidad laboral y en el aumento del salario mínimo, gracias a reformas laborales implementadas en los últimos años. Estas medidas han coincidido con un periodo de fuerte creación de empleo, lo que contrasta con la precariedad laboral que se vive en otros países europeos. Lynch hizo un llamado a las instituciones europeas para que frenen la desregulación y la precariedad, afirmando que es posible mejorar las condiciones laborales sin culpar a los jóvenes de los problemas económicos.

La vicepresidenta segunda del Gobierno español, Yolanda Díaz, también estuvo presente en la manifestación y criticó a la ultraderecha, a la que calificó de "internacional del odio". Díaz defendió la necesidad de continuar mejorando las condiciones laborales y de vida de los ciudadanos, a pesar de los desafíos que enfrenta el Gobierno. En este sentido, mencionó la importancia de reforzar el registro horario de los trabajadores, una medida que busca garantizar el cumplimiento de los derechos laborales y que aún está pendiente de aprobación.

La preocupación por el aumento de la xenofobia y el clasismo en Europa fue un tema recurrente durante la manifestación. Unai Sordo, líder de Comisiones Obreras (CC OO), advirtió sobre el riesgo de un retroceso en los derechos laborales si no se avanza hacia una Europa más unida y solidaria. En este contexto, Sordo destacó la importancia de construir una alternativa que promueva la fraternidad y la igualdad en el ámbito laboral, en oposición a las políticas de rearme y austeridad que se están implementando en varios países.

Las declaraciones de los líderes sindicales resonaron con fuerza, y muchos representantes de sindicatos de otros países europeos expresaron su apoyo a la causa. Desde Italia, Maurizio Landini manifestó su frustración por la carga que enfrentan los trabajadores en tiempos de crisis, mientras que otros oradores de Bélgica, Alemania y Portugal denunciaron la falta de inversión en derechos laborales y la necesidad de una transición ecológica justa. Este evento no solo refleja las tensiones actuales en el ámbito laboral europeo, sino que también pone de manifiesto la creciente necesidad de una respuesta unificada ante los desafíos económicos y sociales que enfrenta el continente.