- El oro cayó un 25% desde su máximo de US$ 5.595 por onza a finales de enero.
- Los bancos centrales representaron aproximadamente el 20% de la demanda global de oro en el primer trimestre de 2026.
- Las compras netas de oro por parte de bancos centrales alcanzaron 244 toneladas, superando la media histórica.
- Se proyecta que la demanda oficial de oro podría estar entre 700 y 900 toneladas en 2026.
- Los ETFs como el iShares Gold Trust (IAU) y el BTG Pactual B3 Ouro (GOLB11) ofrecen acceso al oro para inversores.
- La reducción de tensiones geopolíticas en el Medio Oriente podría influir positivamente en el precio del oro.
La reciente corrección del oro, que alcanzó una caída cercana al 25% desde su máximo histórico de US$ 5.595 por onza a finales de enero, ha reavivado el interés de los inversores. Esta caída se debió principalmente a una revaluación de las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos, impulsada por datos económicos más sólidos y una inflación persistente, especialmente tras el aumento de los precios de la energía. A medida que los inversores ajustaron sus posiciones, el oro comenzó a negociar en niveles más cercanos a su valor de equilibrio, lo que ha llevado a una reevaluación de su atractivo como activo refugio.
El contexto actual se caracteriza por un cambio en la percepción de los riesgos del mercado. Si bien la inflación sigue siendo una preocupación, la creciente optimización en torno a la inteligencia artificial ha comenzado a equilibrar las expectativas. Kevin Warsh, nuevo presidente de la Reserva Federal, ha señalado que los avances en productividad derivados de la tecnología podrían ejercer una presión desinflacionaria a largo plazo. Esta combinación de factores ha llevado a una nueva mirada sobre el oro, que se ve favorecido por la reducción de tensiones geopolíticas, como el reciente acuerdo entre Estados Unidos e Irán para la reanudación de actividades en el Estrecho de Ormuz.
A pesar de la corrección, los fundamentos del oro permanecen sólidos. Los bancos centrales continúan siendo compradores significativos, representando aproximadamente el 20% de la demanda global. En el primer trimestre de 2026, las compras netas de oro por parte de bancos centrales alcanzaron 244 toneladas, superando la media histórica. Países como China, Polonia y Turquía están aumentando sus reservas, lo que, según el Consejo Mundial del Oro, podría llevar a una demanda oficial de entre 700 y 900 toneladas a lo largo del año. Este aumento en la demanda se enmarca en una tendencia más amplia de diversificación de reservas internacionales y una disminución de la dependencia del dólar, un proceso que se intensificó tras el congelamiento de reservas rusas.
Para los inversores, el oro sigue siendo un componente clave en la diversificación de portafolios. Se recomienda mantener posiciones entre el 2,5% y el 5% del total del portafolio para que el oro cumpla su función de protección y diversificación sin comprometer el equilibrio general. Para aquellos con acceso al mercado internacional, los ETFs como el iShares Gold Trust (IAU) ofrecen una vía sencilla para obtener exposición directa al metal. En Brasil, el ETF BTG Pactual B3 Ouro (GOLB11) cumple una función similar, mientras que los fondos de oro dolarizados proporcionan una capa adicional de protección contra la depreciación del real.
Mirando hacia el futuro, es crucial observar la evolución de las políticas monetarias y los datos económicos en Estados Unidos. La posibilidad de una postura monetaria menos restrictiva en los próximos trimestres podría fortalecer aún más la demanda de oro. Además, la evolución de las tensiones geopolíticas en el Medio Oriente y su impacto en el mercado energético también serán factores determinantes. Los inversores deben estar atentos a estos desarrollos, ya que podrían influir significativamente en el comportamiento del oro y su papel en los portafolios de inversión.
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