Las bodegas peruanas han experimentado un notable crecimiento en sus exportaciones de vino durante el primer trimestre de 2026, alcanzando un total de 1.88 millones de dólares FOB, en comparación con solo 371,868 dólares FOB en el mismo período del año anterior. Este incremento del 405% interanual marca un cambio significativo en la tendencia de las exportaciones, que habían estado en declive en los últimos años. Este repunte se debe en gran parte a un aumento en la demanda de vinos en recipientes de mayor volumen, que representan el 87.9% de las exportaciones en este período, lo que indica un cambio en las preferencias del mercado internacional hacia productos más económicos y de mayor capacidad.

Sin embargo, el panorama no es completamente optimista. Mientras que las exportaciones de vino en recipientes grandes han crecido, las ventas de vinos en botellas de hasta dos litros, que son las más consumidas por el público general, han caído un 35.6%, pasando de 353,253 dólares FOB en 2025 a 227,481 dólares FOB en 2026. Este contraste resalta la dualidad del mercado: por un lado, un crecimiento en la exportación de productos de mayor volumen, y por otro, una caída en el segmento más accesible para el consumidor final. Esta situación plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del crecimiento en el sector vitivinícola peruano.

El vicepresidente del Comité Vitivinícola, Jorge Picasso, ha señalado que el actual esquema del Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) está perjudicando a la industria. Este impuesto, que se aplica de manera ad valorem, penaliza a los vinos de mayor calidad, ya que su carga impositiva aumenta con el precio. Esto crea un desincentivo para la producción de vinos premium, que son los que podrían aportar mayor valor agregado a la industria. Por ejemplo, una botella de vino de 80 soles paga un ISC de 20 soles, mientras que una de 15 soles solo paga 3.75 soles, lo que genera una carga desproporcionada para los productores de vinos de calidad.

La situación se complica aún más con la competencia de vinos importados, que ingresan al mercado peruano a precios muy bajos, a menudo debido a la sobreproducción en sus países de origen. Esto ha llevado a que algunos vinos importados se vendan a precios tan bajos como 10 o 12 soles, lo que dificulta la competitividad de los vinos nacionales. Además, el proceso de importación en Perú es relativamente sencillo y los aranceles son bajos, lo que favorece la entrada de productos extranjeros. Esta dinámica ha llevado a una percepción de que el vino peruano está en desventaja frente a sus competidores internacionales.

A futuro, el sector vitivinícola peruano tiene la oportunidad de reconfigurarse, especialmente con el Día Nacional del Vino Peruano el 11 de junio, que se presenta como una plataforma para discutir las reformas necesarias en el esquema tributario. Los productores están abogando por un ISC específico de 1.50 soles por litro, lo que podría nivelar el campo de juego entre los vinos nacionales e importados. Esta propuesta, si se implementa, podría aliviar la presión financiera sobre los productores y fomentar la producción de vinos de mayor calidad. Sin embargo, la implementación de cambios en la política tributaria requerirá un análisis cuidadoso para evitar efectos adversos en la industria y asegurar que las bodegas pequeñas y medianas puedan competir de manera justa en el mercado.