- Los préstamos bancarios en pesos a familias cayeron un 6% en términos reales en los últimos meses.
- El financiamiento al sector público creció, con el Tesoro nacional absorbiendo casi $12 billones.
- El crédito en dólares aumentó un 25%, concentrándose en grandes empresas del sector minería y energía.
- La morosidad promedio en el sistema financiero alcanzó el 7,3%, afectando la oferta de nuevos préstamos.
- Los préstamos personales mostraron un leve aumento nominal del 1%, pero cayeron un 1,4% en términos reales.
- La operatoria con tarjetas de crédito disminuyó un 4,6% anual, reflejando restricciones en el límite de crédito de los deudores.
En los últimos meses, Argentina ha experimentado una notable contracción del crédito privado en pesos, con una caída del 6% en los préstamos a familias y un retroceso del 4% en el financiamiento a empresas. Esta tendencia se ha visto acompañada por un aumento significativo en el financiamiento al sector público, donde el Tesoro nacional ha absorbido casi $12 billones a través de licitaciones de títulos públicos. Este fenómeno ha llevado a que la participación de los títulos públicos en el activo del sistema financiero aumente del 38% a un 42%, alcanzando su nivel más alto desde marzo de 2025.
La situación se agrava al observar que los préstamos en dólares han crecido un 25% entre enero y mayo, alcanzando un total de u$s4.500 millones. Sin embargo, este crecimiento se concentra en grandes empresas, especialmente en los sectores de minería y energía, dejando a las pequeñas y medianas empresas en una posición desfavorable. De hecho, 9 de cada 10 dólares de préstamos en moneda extranjera se destinan a empresas, lo que refleja una creciente concentración del crédito en manos de unos pocos actores del mercado.
El contexto de esta contracción del crédito privado se relaciona con la estrategia del Banco Central, que ha intentado remonetizar la economía mediante la compra de dólares y la emisión de pesos. A pesar de que se esperaba que los depósitos en pesos aumentaran, la realidad ha sido diferente, con una reducción en la confianza de los deudores y un aumento en los niveles de morosidad, que alcanzan un promedio del 7,3%. Este escenario ha llevado a los bancos a ser más cautelosos en la oferta de nuevos préstamos, lo que ha contribuido a la caída del crédito.
Los préstamos personales, aunque han mostrado un leve aumento nominal del 1% mensual, han caído un 1,4% en términos reales, lo que indica una falta de confianza en el sistema. La operatoria con tarjetas de crédito también ha disminuido, con un saldo total que muestra una caída del 4,6% anual. Esta situación refleja que muchos deudores han visto restringido su límite de crédito, lo que limita aún más el consumo y la inversión privada.
De cara al futuro, el panorama podría cambiar si se logra recuperar la confianza en el peso y se estabilizan los niveles de morosidad. La expansión de la producción exportable podría tener efectos positivos en la balanza comercial y, por ende, en el crédito disponible para el sector privado. Sin embargo, es fundamental que se mantengan tasas de interés competitivas y que se generen incentivos para que los deudores vuelvan a acceder al crédito, lo que podría tomar tiempo y dependerá de la evolución de la economía en los próximos meses.
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