La apertura comercial ha sido un pilar fundamental del modelo económico peruano, reflejándose en una red de 26 tratados de libre comercio (TLC) que abarcan economías que concentran cerca del 90% del comercio exterior del país. Este enfoque ha permitido que el arancel promedio se reduzca a un 2,2%, en comparación con el 70% de finales de los años ochenta. En el contexto actual, donde las propuestas electorales cuestionan esta apertura, es crucial entender cómo ha contribuido a la creación de empleo y la reducción de la pobreza en Perú.

Desde 1995, las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) exportadoras han crecido de aproximadamente 3.000 a más de 6.600, diversificando su canasta exportadora de 2.500 a 4.681 productos y aumentando sus destinos de 146 a 178 países. Este crecimiento ha sido fundamental, ya que las Mipymes representan el 90,9% del total de exportadores en el país. Entre 2002 y 2017, el 81% del crecimiento de las exportaciones no tradicionales se debió al ingreso de nuevas empresas y productos, lo que demuestra que la apertura comercial beneficia a un amplio espectro de la economía, no solo a las grandes corporaciones.

Un caso emblemático es el de la agroexportación, donde las exportaciones agropecuarias no tradicionales aumentaron de 400 millones de dólares en el año 2000 a 11.100 millones en 2024, multiplicándose por 28 en 25 años. Este crecimiento ha generado más de 400.000 empleos formales en el sector, siendo el principal generador de empleo para trabajadores no calificados fuera de Lima. Además, se estima que entre 2004 y 2017, el aumento de empleo y salarios en el sector agrícola contribuyó a alrededor del 45% de la reducción de la pobreza en el país, desafiando la idea de que la apertura comercial perjudica a los sectores más vulnerables.

Las propuestas de cerrar la economía o renegociar los TLC suelen presentarse como defensas del trabajador, pero en la práctica pueden tener efectos adversos. Estas medidas tienden a encarecer los insumos para la producción local, destruyendo empleos en sectores exportadores y reduciendo el ingreso real de los hogares. Por otro lado, la apertura comercial también beneficia a los consumidores al ofrecer más opciones y precios más bajos en productos esenciales, como ropa y tecnología. El proteccionismo, en este sentido, actúa como un subsidio a productores ineficientes, lo que termina afectando a los consumidores.

Mirando hacia el futuro, es fundamental que Perú mantenga su compromiso con la apertura comercial y busque fortalecerla. La competitividad no solo depende de los aranceles, sino también de contar con un marco regulatorio claro, bajos costos logísticos y un entorno laboral eficiente. Las propuestas que amenazan con cerrar la economía podrían revertir décadas de progreso en la reducción de la pobreza y el crecimiento económico. En este sentido, es crucial seguir de cerca las decisiones políticas y económicas que se tomen en el país, especialmente en el contexto de las elecciones, ya que podrían tener un impacto significativo en el futuro económico de Perú y su integración en el comercio internacional.