En Colombia, el precio del pollo asado ha experimentado un aumento del 4,5% en el último año, alcanzando un promedio de $42.871. Sin embargo, en el último mes, se ha registrado una caída del 2,88%, pasando de $44.144 en abril a $43.000 en mayo. Este comportamiento refleja una presión inflacionaria que se ha intensificado por el aumento de los costos de servicios y la reciente situación de bloqueos viales que han afectado la logística de distribución del producto.

Las ciudades donde el pollo asado es más caro incluyen Cartagena, con un precio de $47.110, seguida de Medellín y Bogotá, donde los precios son de $46.190 y $44.900, respectivamente. En contraste, las ciudades con precios más bajos son Tunja, Villavicencio y Cali, donde los precios son de $36.650, $40.600 y $41.300. Esta variabilidad en los precios entre diferentes regiones se debe a factores como la disponibilidad de insumos y los costos de transporte, que se han visto alterados por los bloqueos en las principales vías del país.

Los bloqueos viales, especialmente en Buenaventura, han generado sobrecostos en el transporte de insumos esenciales como el maíz y la soya, lo que ha impactado directamente en los costos de producción de los asaderos. Gonzalo Moreno, presidente de Fenavi, ha señalado que el aumento en los costos de mano de obra y administración también ha contribuido al encarecimiento del pollo asado. A pesar de que el precio que reciben los productores avícolas ha disminuido, los consumidores finales enfrentan costos significativamente más altos al comprar pollo asado en restaurantes, que son, en promedio, un 50% superiores a los de adquirir el pollo entero y prepararlo en casa.

El impacto de estos cambios en los precios se refleja en el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que en abril se ubicó en 5,68%, con un aporte significativo del sector de alimentos y bebidas no alcohólicas. Nicolás Cruz Walteros, analista de economía local, ha indicado que el reciente aumento en el salario mínimo también ha elevado los costos de producción, lo que se traduce en precios más altos para el consumidor. Además, el conflicto entre Estados Unidos e Irán podría agregar presión a los precios de los insumos agrícolas, lo que podría trasladarse a mayores costos en los próximos meses.

De cara al futuro, se espera que el dato de inflación de mayo se sitúe en torno al 5,90%, según proyecciones de diversas entidades. Las expectativas de inflación están impulsadas por el aumento en los precios del gas y la energía, así como por el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles. La llegada del fenómeno de El Niño entre junio y agosto podría complicar aún más la situación, afectando la producción agrícola y, por ende, los precios de los alimentos. Los inversores deben estar atentos a estos desarrollos, ya que podrían influir en la dinámica de precios y en el consumo en el país, lo que a su vez podría tener repercusiones en la economía regional, incluyendo a Argentina.