La morosidad de los préstamos a las familias argentinas alcanzó un nuevo récord en abril, con un 12% de irregularidad, lo que representa un incremento de medio punto porcentual respecto a marzo. Este aumento ha encendido alarmas sobre la capacidad de pago de los hogares, afectando a 5,3 millones de personas que tienen al menos un crédito irregular, es decir, con impagos de más de 90 días. Este dato se presenta en un contexto donde las expectativas de una desaceleración en el sistema financiero se han visto frustradas, ya que la mora familiar ha crecido durante 18 meses consecutivos, alcanzando niveles que no se veían en más de dos décadas.

La situación es particularmente preocupante si se compara con el pasado reciente. En octubre de 2024, la irregularidad en los préstamos a hogares era de solo 2,5%. En un año y medio, esta cifra se ha multiplicado casi por cinco, a pesar de que el Producto Bruto Interno (PBI) continuó en crecimiento durante gran parte de este período. La consultora 1816 ha señalado que la aceleración del aumento en abril, en comparación con marzo, genera dudas sobre la posibilidad de un pico en la morosidad en el corto plazo, lo que podría complicar aún más la recuperación del crédito.

El impacto de esta morosidad no se limita a las familias. De las 30 entidades más grandes que otorgan préstamos a hogares, 26 reportaron un aumento en la mora en abril. Este deterioro también se ha extendido a las entidades no financieras, donde la irregularidad alcanzó un alarmante 31,5%. Esto sugiere que no solo los bancos están enfrentando problemas, sino que también las empresas que ofrecen financiamiento alternativo, como Tarjeta Naranja y Mercado Libre, están viendo un aumento en los impagos. La situación se agrava aún más en el sector empresarial, donde la mora pasó de 3,1% a 3,3% en el mismo período.

Las altas tasas de interés también están complicando la recuperación del financiamiento. La tasa nominal anual (TNA) promedio de los préstamos personales bancarios se situó en 66,9% durante los primeros días de mayo, lo que representa una leve disminución respecto al 68,8% de enero, pero sigue siendo elevada en términos reales. Esta situación limita la capacidad de las familias para acceder a nuevos créditos, lo que a su vez afecta el consumo y la actividad económica en general. La Cámara Argentina Fintech y el ITBA han indicado que, aunque la mora en su sector ha aumentado, hay señales de desaceleración en los indicadores de alta frecuencia desde noviembre.

De cara al futuro, el panorama es incierto. Con las elecciones programadas para el próximo año, es poco probable que el crédito a las familias se convierta en un motor significativo de la actividad económica, como lo fue en el segundo semestre de 2024 y el primer semestre de 2025. La baja penetración del crédito en Argentina, que representa alrededor del 12% del PBI, no es suficiente para impulsar la actividad económica, especialmente con millones de deudores en situación irregular. Los próximos meses serán cruciales para observar si se confirma la tendencia de caída en los préstamos al sector privado, que ya ha mostrado signos de retroceso durante cinco meses consecutivos.