Viajar en autobús en México se ha convertido en una experiencia notablemente más costosa en comparación con otros países, con tarifas que pueden alcanzar hasta un 130% más por kilómetro recorrido que en naciones como India, Chile, Alemania, Estados Unidos o Francia. Esta diferencia no se debe únicamente a costos operativos elevados o a un servicio superior, sino que se encuentra en la estructura del mercado, que está altamente concentrado y presenta barreras tanto formales como informales que limitan la competencia y reducen las opciones disponibles para los pasajeros.

El autotransporte federal de pasajeros en México es uno de los más grandes del mundo, ocupando el tercer lugar a nivel global, solo detrás de China e India. Sin embargo, a pesar de su tamaño, la competencia no ha aumentado de manera proporcional. Desde hace años, las autoridades de competencia han señalado la existencia de una concentración significativa en el mercado. En 2022, la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) impuso multas a 18 empresas y 31 personas físicas, incluyendo a grandes operadores como ADO y Estrella Blanca, por prácticas monopólicas. Dos años después, un nuevo estudio reveló problemas estructurales persistentes, donde se identificaron relaciones accionarias y vínculos horizontales entre competidores que limitan los incentivos para competir.

La Cofece concluyó que casi todas las grandes empresas del sector tienen algún tipo de relación comercial o societaria con otros actores relevantes, lo que disminuye la rivalidad en el mercado. Este fenómeno se agrava por la existencia de barreras de entrada que no siempre están escritas en reglamentos, sino que operan a través de acuerdos implícitos y acceso restringido a infraestructura. Esto crea un entorno donde las empresas dominantes pueden mantener su posición sin ser desafiadas por nuevos entrantes.

Flix, una empresa alemana que ingresó al mercado mexicano hace un año, ha intentado implementar un modelo de movilidad de larga distancia basado en alianzas con transportistas. Sin embargo, su expansión ha sido más lenta de lo esperado, principalmente porque no puede operar desde terminales tradicionales, lo que limita su capacidad de crecimiento. Esto ha llevado a Flix a construir su propia infraestructura, lo que representa un costo adicional y un obstáculo significativo en un mercado donde los competidores establecidos ya cuentan con las terminales necesarias para operar.

La regulación también juega un papel crucial en este contexto. Flix estima que lanzar una nueva ruta requiere gestionar hasta siete permisos distintos, lo que puede demorar entre dos y cuatro meses. Esta dilatación en los tiempos de aprobación no solo afecta la capacidad de los nuevos entrantes para competir, sino que también se traduce en precios más altos para los consumidores. En última instancia, el consumidor es quien paga el precio de esta falta de competencia, enfrentándose a tarifas que se acercan a las de los boletos de avión, lo que reduce la ventaja competitiva histórica del autobús.

La situación actual del mercado de autobuses en México resalta la necesidad de una regulación más efectiva y de una supervisión adecuada para fomentar una mayor competencia. Sin una intervención que permita el acceso a la infraestructura y que promueva la competencia, el sector podría seguir deteriorándose, afectando la calidad de los servicios y los precios para los consumidores. A medida que se espera que la nueva Comisión Nacional Antimonopolio retome las investigaciones pendientes, el futuro del mercado de transporte de pasajeros en México podría estar en juego, con implicaciones significativas para los consumidores y los nuevos operadores que buscan ingresar al sector.