El peso argentino ha experimentado una apreciación del 11% en términos reales durante el año 2026, gracias a un contexto favorable de acumulación de divisas por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA). En los primeros cinco meses del año, el BCRA adquirió un total de US$ 9.756 millones, lo que representa el 97% de lo que se había proyectado para todo el año. Esta situación ha llevado a que el dólar retroceda un 3,2% en términos nominales y un 16% en términos reales, considerando la inflación.

La apreciación del peso se da en un momento en que el dólar internacional se encuentra debilitado, lo que afecta a las monedas emergentes. A pesar de las expectativas iniciales de que la reaparición del BCRA en el mercado de cambios aumentaría la demanda del dólar, la realidad ha sido diferente. La oferta de divisas ha aumentado gracias a un incremento en las exportaciones y a las liquidaciones de empresas que se financian en el exterior. Esto ha permitido que el tipo de cambio mayorista se mantenga relativamente estable, cerrando en $1.410 sin cambios significativos en las últimas semanas, según la consultora LCG.

Sin embargo, esta apreciación del peso podría tener implicaciones negativas para ciertos sectores de la economía argentina, que se ven afectados por un dólar más barato. La competitividad de varios sectores, que dependen de un tipo de cambio más alto, podría verse comprometida, lo que podría tener repercusiones en el empleo y la actividad económica. A medida que el BCRA continúa con su estrategia de compras, se plantea la pregunta de cuánto margen tendrá para seguir adelante sin que esto genere una mayor presión inflacionaria.

Desde GMA Capital se advierte que, aunque la cosecha ha generado una oferta significativa de divisas, este impulso podría estar llegando a su fin. Con compromisos de deuda en dólares que superan los US$ 32.000 millones entre 2026 y 2027, la situación se torna más compleja. A pesar de que las emisiones de empresas privadas han sumado US$ 1.500 millones en mayo, se anticipa que la estabilidad cambiaria podría requerir tasas de interés más altas para evitar una mayor dolarización de carteras. Esto podría acentuar la debilidad de la actividad económica en un contexto donde el consumo y los ingresos reales aún muestran una recuperación limitada.

De cara al futuro, GMA Capital proyecta que el tipo de cambio oficial podría converger hacia los $1.670 para diciembre, lo que implicaría una dinámica de depreciación mensual más acelerada en la segunda mitad del año. A su vez, la inflación podría enfrentar mayores dificultades para mantenerse por debajo del 2% si el frente cambiario comienza a mostrar tensiones. En este sentido, los inversores deben estar atentos a los próximos meses, donde la combinación de vencimientos de deuda y la evolución de la oferta y demanda de divisas será crucial para determinar el rumbo del peso argentino.