- Yomif Kejelcha completó su primera maratón en 1:59:41, un récord histórico.
- El 'resulting' lleva a juzgar decisiones por sus resultados, ignorando el proceso.
- La mayoría de las empresas no perduran, lo que dificulta medir el éxito solo por resultados.
- Los algoritmos aprenden de casos de éxito, ignorando decisiones éticas que no llevaron a resultados positivos.
- Es crucial redefinir el éxito para incluir prácticas responsables en la toma de decisiones empresariales.
Recientemente, el mundo del deporte fue testigo de un hecho histórico cuando dos atletas lograron completar una maratón en menos de dos horas el mismo día en Londres. Yomif Kejelcha, un etíope de 28 años, terminó su primera maratón en 1:59:41, estableciendo un récord que, sin embargo, fue eclipsado por el hecho de que llegó en segundo lugar. Este fenómeno, conocido como el 'efecto Kejelcha', ilustra cómo la sociedad tiende a juzgar el éxito únicamente por el resultado final, ignorando el proceso y el esfuerzo que llevaron a esos logros. En el ámbito empresarial, este sesgo se traduce en una valoración de las empresas basada únicamente en su rendimiento económico, sin considerar las decisiones éticas o sostenibles que pudieron haber tomado en el camino.
El 'resulting', un término que describe la tendencia a evaluar la calidad de una decisión basándose en su resultado, se manifiesta en la forma en que se perciben a los líderes empresariales. Un CEO cuya empresa ha tenido éxito es visto como un visionario, mientras que uno cuyo negocio no prosperó es considerado imprudente, a pesar de que ambos pudieron haber tomado decisiones similares en contextos idénticos. Esta narrativa simplista no solo es injusta, sino que también limita nuestra capacidad de aprendizaje, ya que nos impide analizar el proceso detrás de los resultados. En un entorno empresarial complejo, donde las variables son múltiples y a menudo impredecibles, es esencial mirar más allá de los resultados inmediatos.
Las estadísticas muestran que la mayoría de las empresas no perduran en el tiempo, lo que hace que medir el éxito solo por resultados sea problemático. Revisar listas históricas como las del S&P 500 o Fortune 500 revela que muchas empresas que una vez fueron consideradas exitosas ya no existen. Este fenómeno resalta la importancia de evaluar el proceso y las decisiones que llevaron a esos resultados. La experiencia personal de haber trabajado en una empresa familiar argentina que priorizaba el bienestar de sus empleados y la comunidad, a pesar de no ser la más rentable, subraya que el éxito no siempre se traduce en cifras. La empresa fue adquirida, pero su legado de buenas prácticas y responsabilidad social no fue reconocido en los balances.
La creciente dependencia de algoritmos y modelos de inteligencia artificial en el mundo empresarial plantea un nuevo desafío. Estos sistemas aprenden de datos históricos, enfocándose en los casos de éxito y desestimando aquellos que, aunque no lograron resultados positivos, tomaron decisiones éticas y responsables. Este sesgo, amplificado por la tecnología, puede llevar a decisiones empresariales que ignoren el valor de las buenas prácticas. La forma en que se entrenan estos modelos podría resultar en un futuro donde las decisiones se basen únicamente en resultados, sin considerar el contexto o el proceso que llevó a esos resultados. Esto plantea una pregunta crítica: ¿qué definimos como éxito en un mundo donde los algoritmos toman decisiones?
A medida que avanzamos hacia un futuro donde la inteligencia artificial juega un papel cada vez más importante en la toma de decisiones, es crucial reflexionar sobre los criterios que utilizamos para definir el éxito. Si los algoritmos continúan aprendiendo solo de los ganadores, corremos el riesgo de construir un sistema que priorice los resultados a cualquier costo, ignorando el valor de las prácticas éticas y responsables. La historia de Kejelcha y la empresa que conocí son recordatorios de que el éxito no siempre se mide en números, y que es fundamental encontrar formas de integrar valores y buenas prácticas en la toma de decisiones empresariales.
En el contexto actual, donde la presión por resultados inmediatos es alta, es esencial que tanto las empresas como los reguladores consideren cómo se entrenan y utilizan los algoritmos. La implementación de criterios que valoren no solo el resultado, sino también el proceso y las decisiones éticas, podría ayudar a construir un futuro más sostenible y equitativo. La próxima vez que observemos un resultado, ya sea en el deporte o en los negocios, debemos recordar que detrás de cada éxito hay un proceso que merece ser valorado y aprendido.
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