La deuda nacional de Estados Unidos ha superado el 100% del Producto Interno Bruto (PIB) por primera vez desde 1946, un hito que pone al país en camino de romper el récord del 106% establecido tras la Segunda Guerra Mundial. Según estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso, este récord podría ser superado alrededor de 2029, coincidiendo con el final de la presidencia de Donald Trump. Este aumento en la deuda se ha visto impulsado por un gasto financiado por deuda que ha acelerado en los últimos años, especialmente durante la administración Trump y continuado bajo el gobierno de Joe Biden, lo que ha generado preocupaciones sobre la sostenibilidad fiscal a largo plazo.

El déficit federal, que representa la diferencia entre lo que el gobierno recauda y lo que gasta, alcanzó el 5.8% del PIB en el año fiscal 2025, que terminó en septiembre, lo que equivale a aproximadamente 1.8 billones de dólares. Este déficit se ha visto exacerbado por recortes de impuestos y un aumento en el gasto relacionado con la pandemia, que, aunque ayudó a evitar una recesión, también contribuyó a la inflación que afecta a los estadounidenses en la actualidad. La administración ha sido criticada por no abordar de manera efectiva el déficit, lo que ha llevado a un aumento continuo de la deuda.

Stephen Miller, jefe de personal adjunto de la Casa Blanca, ha señalado a los inmigrantes ilegales como responsables del déficit, argumentando que el gobierno podría equilibrar el presupuesto si solo se pagara a aquellos que son elegibles legalmente. Sin embargo, esta afirmación ha sido desmentida por numerosos estudios que indican que los inmigrantes, en general, contribuyen positivamente a la economía y no son responsables del aumento del déficit. De hecho, un informe del Instituto Cato sugiere que los inmigrantes han agregado 14.5 billones de dólares a la economía estadounidense en un periodo de 30 años.

La creciente deuda nacional tiene implicaciones significativas para los mercados financieros. La tasa de interés de los bonos del Tesoro a 10 años, que influye en las tasas de interés de hipotecas y préstamos, se mantiene por encima del 4.5%. Esto significa que los consumidores podrían enfrentar mayores costos de financiamiento, lo que podría afectar el gasto y la inversión en la economía. Además, la falta de un plan claro para abordar el déficit podría llevar a una pérdida de confianza en la capacidad del gobierno para manejar su deuda, lo que podría resultar en un aumento de las tasas de interés y una mayor presión sobre la economía.

A medida que nos acercamos a las elecciones de medio término en 2026, es probable que el debate sobre el déficit y la deuda se intensifique. Los demócratas y republicanos han estado en desacuerdo sobre cómo abordar el déficit, y la falta de un enfoque bipartidista podría dificultar cualquier esfuerzo significativo para reducir la deuda. Los inversores deben estar atentos a cómo estos debates pueden influir en las políticas fiscales futuras y en la dirección de la economía estadounidense, ya que cualquier cambio podría tener repercusiones en los mercados globales, incluida América Latina, donde las economías están interconectadas con la de EE.UU.