El sector agropecuario en Colombia ha mostrado un crecimiento notable del 4,8% en el Producto Interno Bruto (PIB) en los últimos dos años, superando a sectores tradicionales como las manufacturas y la construcción. Este crecimiento se ha visto impulsado por un aumento en el área sembrada y una mejora en la productividad por hectárea cosechada. Entre el primer trimestre de 2024 y el cuarto de 2025, el agro se posicionó como la segunda actividad económica con mayor tasa de crecimiento, solo detrás de las actividades artísticas y de entretenimiento, alcanzando un crecimiento del 6,3% en el tercer trimestre de 2024 y del 6,1% en el cuarto trimestre del mismo año.

El área sembrada ha crecido de 5,23 millones de hectáreas en 2024 a 5,3 millones en 2025, continuando una tendencia de expansión que comenzó en 2022. En cuanto al rendimiento, se registraron 15,9 toneladas de productos agropecuarios por hectárea en 2024, aumentando a 16,1 toneladas en 2025. Sin embargo, a pesar de este crecimiento sostenido, el agro enfrentó un retroceso del 1,4% en el inicio de 2026 en comparación interanual, lo que indica que el sector podría estar enfrentando desafíos en su trayectoria de crecimiento.

El desempeño del agro colombiano ha sido particularmente afectado por la caída en los cultivos permanentes de café, que experimentaron una disminución del 30,7%. Esta situación ha llevado a expertos como Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, a señalar que la recuperación de la producción cafetera dependerá de factores externos como el fenómeno de El Niño y los precios de los fertilizantes, que están influenciados por la guerra en Medio Oriente. Esto resalta la vulnerabilidad del sector agropecuario a factores climáticos y geopolíticos.

Desde una perspectiva de inversión, el crecimiento del agro podría ofrecer oportunidades para los inversores que buscan diversificar sus carteras en un contexto donde otros sectores como la construcción y la minería están en declive. Sin embargo, la reciente caída en la producción cafetera y el decrecimiento interanual del sector en 2026 son señales de advertencia que deben ser consideradas. Los inversores deben estar atentos a las políticas gubernamentales que podrían influir en el sector, así como a los precios internacionales de los productos agrícolas.

A futuro, es crucial monitorear la evolución del fenómeno de El Niño y su impacto en la producción agrícola, especialmente en cultivos sensibles como el café. Además, la evolución de los precios de los fertilizantes y su disponibilidad será un factor determinante para el rendimiento del agro en los próximos años. Los datos sobre el área sembrada y los rendimientos por hectárea serán indicadores clave para evaluar la salud del sector agropecuario en Colombia a medida que avanzamos hacia 2026 y más allá.