- Las retenciones a la soja comenzarán en 2027 con una alícuota del 24%.
- La reducción será de entre 0,25 y 0,5 puntos porcentuales por mes.
- El trigo y la cebada verán una baja de retenciones del 7,5% al 5,5% desde junio de 2026.
- La política de retenciones se extenderá hasta 2028, dependiendo de la recaudación fiscal.
- La baja en las retenciones busca estimular la producción y las exportaciones del sector agropecuario.
El presidente Javier Milei anunció una reducción gradual de las retenciones a la soja, que comenzará en enero de 2027. Actualmente, el derecho de exportación para el poroto de soja es del 24%, tras una serie de ajustes que se realizaron desde 2025. La nueva política implica una baja de entre 0,25 y 0,5 puntos porcentuales por mes, dependiendo de la evolución de la recaudación fiscal, lo que podría llevar la alícuota a un 23,5% al finalizar 2027 si se aplica la reducción mínima.
Este anuncio se realizó durante el acto por el 172° aniversario de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, donde Milei también mencionó que la reducción de retenciones se extenderá hasta 2028. En su discurso, el mandatario destacó que la baja en las retenciones no solo se aplicará a la soja, sino también a otros cultivos como el trigo y la cebada, que verán una disminución de sus derechos de exportación del 7,5% al 5,5% a partir de junio de 2026. Este enfoque busca aliviar la carga fiscal sobre el sector agropecuario, que ha enfrentado desafíos significativos en los últimos años.
Históricamente, las retenciones a la soja han sido un tema polémico en Argentina. En 2025, el gobierno anterior había establecido una alícuota del 26%, que llegó a ser del 33% en años anteriores. La reciente baja al 24% fue un intento de estimular la producción y las exportaciones en un contexto de crisis económica. La medida de Milei, aunque gradual, refleja un cambio en la política agrícola que podría tener implicancias significativas para la producción y la competitividad del sector.
Desde la perspectiva del inversor, la reducción de las retenciones podría incentivar un aumento en la producción de soja y otros cultivos, lo que podría traducirse en mayores ingresos por exportaciones. Sin embargo, el ritmo de la reducción dependerá de la recaudación fiscal, lo que introduce un elemento de incertidumbre. Si la recaudación no se comporta como se espera, podría haber ajustes en el cronograma de reducciones, lo que afectaría las proyecciones de ingresos del sector agropecuario.
A futuro, será importante monitorear la evolución de las retenciones y su impacto en la producción agrícola. El inicio de la reducción en enero de 2027 marcará un momento clave, y los productores deberán adaptarse a este nuevo marco fiscal. Además, la relación entre el gobierno y el sector agropecuario será crucial para determinar si estas políticas se implementan de manera efectiva y si se logran los objetivos de aumentar la producción y las exportaciones en un contexto de desafíos económicos persistentes.
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