La morosidad bancaria en Argentina ha alcanzado niveles alarmantes, afectando a aproximadamente 5 millones de personas con deudas que se vuelven cada vez más difíciles de pagar. Desde diciembre de 2025, los índices de morosidad han aumentado significativamente, especialmente en el sector de tarjetas de crédito y créditos personales, donde se reportan tasas de mora que llegan al 14%. Este incremento se atribuye a la combinación de altas tasas de interés, que superan la inflación, y salarios que no han logrado mantener su poder adquisitivo, lo que ha llevado a muchas familias a recurrir al crédito como una solución temporal.

En comparación con la prepandemia, cuando la morosidad promedio era del 7%, la situación actual es preocupante. En diciembre de 2023, la morosidad en créditos personales era del 4,3%, pero para febrero de 2026, esta cifra se disparó al 13,8%. En el sector no bancario, las tasas de morosidad superan el 25%, afectando principalmente a jóvenes y jubilados. Este aumento en la morosidad no solo genera intereses moratorios y reportes negativos en centrales de riesgo, sino que también puede llevar a acciones legales como embargos por parte de los bancos.

Ante esta crisis, varios bancos públicos, como el Banco Nación y el Banco Provincia, han comenzado a ofrecer planes de refinanciación para ayudar a sus clientes a manejar sus deudas. Sin embargo, las tasas de interés que se aplican en estas refinanciaciones oscilan entre el 60% y el 80% anual, y al incluir costos adicionales, el Costo Financiero Total puede superar el 120% anual. Esto resulta en cuotas mensuales que son prácticamente impagables para la mayoría de los deudores, lo que perpetúa el ciclo de morosidad.

La economista Anastasia Daicich ha señalado que el sobreendeudamiento de seis meses atrás es un predictor clave de la irregularidad crediticia actual. La acumulación de deuda ha sido impulsada por un deterioro del ingreso real, lo que ha llevado a las familias a depender del crédito para cubrir gastos básicos. La relación entre la deuda y la masa salarial ha crecido, lo que indica que los hogares están cada vez más atrapados en un ciclo de deuda creciente. Si bien algunos analistas sugieren que el sistema financiero podría estar viendo el pico de la morosidad, la realidad es que la recuperación económica aún no se traduce en un aumento del ingreso disponible para las familias.

A futuro, es crucial monitorear la evolución de las tasas de interés y la respuesta del sistema bancario ante esta crisis de morosidad. Los próximos balances de los bancos, que se publicarán a fines de mayo, podrían ofrecer información valiosa sobre la salud del sistema financiero y si realmente se ha alcanzado un pico en la morosidad. Además, la capacidad de las familias para manejar sus deudas dependerá de una mejora genuina y sostenida en sus ingresos, así como de una reducción efectiva del Costo Financiero Total que enfrentan al refinanciar sus deudas.