El fenómeno climático conocido como El Niño está tomando forma más rápidamente de lo esperado, con un 61% de probabilidad de que se manifieste entre mayo y julio de 2026. Según el Centro de Previsión Climática de Estados Unidos (NOAA CPC), la probabilidad de que El Niño esté completamente desarrollado para finales de año supera el 90%. Este fenómeno, que se caracteriza por el calentamiento anormal de las aguas del Océano Pacífico, tiene implicaciones significativas para el clima y la economía de Brasil, especialmente en el sur del país, donde ya se han registrado alertas por posibles inundaciones.

Históricamente, El Niño ocurre cada dos a siete años y puede durar hasta diez meses. En 2024, fue un factor determinante en las severas inundaciones del Rio Grande do Sul, lo que ha llevado a los meteorólogos a estar en alerta ante su posible reaparición. Las proyecciones actuales sugieren que existe un riesgo considerable de que este evento alcance una intensidad fuerte, lo que podría ser raro en términos históricos. Sin embargo, las predicciones sobre su intensidad son inciertas, con un 27% de probabilidad de que sea moderado, un 20% de que sea fuerte y un 13% de que sea muy fuerte.

El impacto de El Niño varía según la región de Brasil. En el Norte y Nordeste, se prevén sequías prolongadas que afectarían la disponibilidad de agua en ríos y reservorios, lo que podría comprometer tanto el consumo humano como la generación de energía hidrológica. En contraste, el Sudeste y Centro-Oeste experimentarían temperaturas más elevadas y períodos secos, lo que podría desregular el ciclo de cultivo de importantes commodities como la soja y el maíz. Esto es especialmente preocupante para los agricultores de la región de Matopiba, donde la falta de humedad podría afectar el inicio de las siembras y, por ende, la rentabilidad de las cosechas.

En el Sur, el efecto de El Niño es diferente, ya que se espera un aumento en la frecuencia de lluvias y tormentas, lo que incrementa el riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra. En Santa Catarina, se anticipan condiciones climáticas inestables desde junio, con un aumento en los volúmenes de lluvia y un riesgo elevado de inundaciones, especialmente en áreas vulnerables como el Valle de Itajaí. Las proyecciones indican que las tormentas podrían intensificarse en junio y julio, lo que podría tener un impacto negativo en la producción agrícola, particularmente para los cultivos de trigo y avena, que son sensibles al exceso de humedad.

Dada esta situación, los expertos subrayan que el comportamiento del clima en las próximas semanas será crucial para determinar la magnitud de los impactos de El Niño. Las autoridades de monitoreo, como la Defensa Civil de Santa Catarina, ya están implementando escenarios preventivos para mitigar los efectos adversos. Con la llegada del fenómeno, los mercados agrícolas en Brasil podrían experimentar volatilidad, lo que también podría repercutir en los precios de los commodities en el mercado internacional, afectando a los productores argentinos que dependen de estos mercados para sus exportaciones.