Los principales bancos de Brasil, incluyendo Banco do Brasil, Santander, Itaú Unibanco y Bradesco, han elevado sus provisiones para pérdidas por deudores dudosos (PDD) en un 33% en el primer trimestre de 2026, alcanzando un total de R$ 44,8 mil millones. Este aumento se produce en un contexto de restricción crediticia y un ciclo de tasas de interés elevado, con la Selic alcanzando un pico del 15%. La escalada de la deuda de empresas y familias a niveles récord ha llevado a los bancos a prepararse para posibles incumplimientos.

El entorno económico se ha visto complicado por la reciente guerra en el Oriente Medio, que ha provocado un aumento significativo en los precios del petróleo. Este aumento en los costos energéticos está afectando la inflación y, por ende, la política monetaria del Banco Central de Brasil, que se ha visto forzado a ralentizar el ritmo de los recortes de tasas de interés. La combinación de estos factores ha generado un clima de incertidumbre que impacta directamente en la capacidad de pago de los deudores.

Particularmente, el Banco do Brasil ha enfrentado desafíos significativos en su cartera de agronegocios, donde la morosidad ha aumentado considerablemente. En marzo, la tasa de morosidad en este sector alcanzó el 6,22%, un incremento notable desde el 2,76% del año anterior. Este aumento en la morosidad ha llevado al banco a provisionar R$ 7,4 mil millones específicamente para el sector agropecuario, lo que representa una parte considerable de su total de provisiones.

La situación no es exclusiva del Banco do Brasil; otros bancos también han reportado deterioro en sus métricas de calidad crediticia. Por ejemplo, Santander ha visto un aumento en su tasa de morosidad del 0,6 puntos porcentuales, alcanzando el 3,3%. En contraste, Bradesco y Itaú han experimentado aumentos más moderados en sus tasas de morosidad, aunque también han señalado un aumento en los incumplimientos entre pequeñas y medianas empresas. Esto sugiere que el estrés financiero se está extendiendo más allá del sector agrícola, afectando a diversas áreas de la economía brasileña.

A medida que los bancos ajustan sus provisiones, los analistas advierten que el costo del riesgo seguirá presionado en los próximos trimestres. La reciente implementación de programas de renegociación de deudas por parte del gobierno, como el programa Desenrola, podría ofrecer algo de alivio, pero su impacto se espera que sea limitado, especialmente entre los grandes bancos. A largo plazo, la capacidad de recuperación de créditos perdidos será crucial para la salud financiera de estas instituciones, y los inversores deben estar atentos a cómo se desarrollan estas dinámicas en el contexto de una economía brasileña en desaceleración.

En resumen, el panorama para los bancos brasileños es desafiante, con un aumento significativo en las provisiones y un entorno macroeconómico que sigue siendo incierto. Los próximos trimestres serán críticos para evaluar la efectividad de las medidas implementadas y su impacto en la rentabilidad de los bancos. Los inversores deben monitorear de cerca las tendencias en la morosidad y las políticas del Banco Central, así como la evolución de los precios de las materias primas, que pueden influir en la estabilidad económica de Brasil y, por ende, en su sistema bancario.